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Tigmo-morfogénesis y poda de abril: los secretos de Jimena Asquini para preparar el jardín pampeano

12 abril, 2026 a las 08:00
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En su habitual paso por los estudios de InfoPico Radio 99.9, la técnica en floricultura Jimena Asquini desmitificó viejas creencias botánicas y detalló las tareas ineludibles que los vecinos de General Pico y la provincia deben realizar durante el mes de abril. Desde el curioso efecto del roce en los cítricos hasta la poda drástica de rosales antiguos, la especialista brindó una guía técnica para encarar el otoño.

 

“No hay que pegarle, el tacto es una cuestión de piel”

Ante la clásica consulta popular sobre si castigar a un limonero o a un cactus ayuda a que dé frutos, Asquini fue categórica e introdujo un concepto científico que explica este fenómeno: la tigmo-morfogénesis.

“Es el efecto del contacto en la epidermis de la planta que le produce estímulos. En las plantas de interior hace que los entrenudos se acorten y las hojas se hagan más grandes; y en los frutales, sobre todo en los cítricos, estimula la floración y la fructificación. No es necesario pegarle, el pegarle lastima la epidermis y pueden ingresar patógenos. Hay que ser suaves”, explicó la técnica.

Para lograr este estímulo, basta con rozar el tallo con la mano, un plumero o la base de una escoba una vez por semana. Además, Asquini validó el mito de quienes le hablan a sus plantas: “Al hablar producís un viento y una vibración que la planta percibe. Eso se llama sismo-morfogénesis. Ponerlas cerca de un microondas, una heladera o ponerles música estimula el desarrollo por medio de la vibración”.

El truco para hacer florecer los amarillis en La Pampa

Uno de los problemas más comunes en los jardines pampeanos es la falta de floración de los amarillis. Según la especialista, esto se debe a que a veces los inviernos locales no son lo suficientemente crudos para que la planta pierda su follaje de forma natural, un paso vital para su ciclo.

Para solucionarlo, recomendó una intervención directa a fines de abril: cortar las hojas al ras. “Eso va a hacer que la planta entienda que pasó el frío que necesita y se va a estimular a la floración. A fines de invierno van a ver primero las varas florales y después el follaje”, detalló. Además, recordó que cada cuatro años es necesario desenterrar los bulbos, separar los gajos laterales con la mano y volver a plantarlos, dejando siempre un 10% de la superficie del bulbo principal sobre la tierra.

Poda de rejuvenecimiento: rosales a 40 centímetros

Aunque la poda tradicional de rosas se realiza en los meses más fríos de junio y julio, abril es el momento exacto para el rejuvenecimiento de rosales antiguos. Se trata de aquellas plantas añosas con tallos marrones y lignificados que recién comienzan a brotar por encima del metro y medio de altura.

Asquini indicó que estos ejemplares deben podarse a unos 40 o 45 centímetros del suelo, sin importar el grosor del tallo ni la ausencia de yemas visibles. El objetivo es forzar a la planta a generar brotes basales nuevos y verdes.

  • El corte perfecto: Debe realizarse siempre en forma oblicua o a bisel. “Si hago un corte neto, el agua queda depositada y me pudre la madera. El corte oblicuo hace que el agua resbale”, advirtió.
  • Herramientas limpias: Utilizar serrucho, tijera de podar o un “descornador” (tijera de fuerza con mangos largos). El corte no debe dejar astillas ni tocones, permitiendo que el cambium cicatrice correctamente la herida.
  • Protección obligatoria: Tras la poda, es indispensable aplicar fungicida para sellar los vasos y evitar que la humedad otoñal llene la planta de hongos.

Finalmente, hizo una salvedad para los rosales topiarios (aquellos con forma de copa y un injerto superior). En estos casos, no aplica la poda de abril ni el corte drástico. Se deben intervenir recién en invierno, realizando únicamente una poda de limpieza interna para quitar ramas débiles y mantener la estructura redondeada de la planta.

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