La noche en General Pico tiene un peso distinto cuando se acerca el 24 de marzo. No es solo el silencio de la Pampa, sino el murmullo de una comunidad que se resiste al olvido. En el predio de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam), el movimiento es incesante. Hay teatro, hay canto y, sobre todo, hay una historia que se sigue contando para que no se apague.
Minutos después de una intervención artística que unió a los talleres de teatro de la Universidad con las voces jóvenes de la Nueva Escuela Argentina, el Rector Oscar Alpa se detiene a reflexionar. Su voz no busca la estridencia, sino la profundidad de quien sabe que la institución que preside es, en sí misma, un triunfo de la democracia sobre la oscuridad.

Una tradición que sobrevive
”Esta es la séptima vigilia que estamos haciendo acá en la Universidad”, comenta Alpa con la satisfacción de la constancia. “La única que no se hizo fue la de la pandemia”. El ritual es claro: el arte como primer puente, palabras que anclan el sentido del encuentro, el paso por las facultades —esta vez con una obra de arte destinada a Veterinaria— y el cierre simbólico con la marcha de las antorchas hacia el auditorio.
Sin embargo, el discurso del Rector este año no se quedó solo en la superficie del recuerdo. Alpa propuso una mirada integral sobre el impacto del golpe militar, recordando que las heridas no fueron solo humanas, sino también institucionales y sociales.

Cuando el silencio cerró aulas
Uno de los puntos más crudos de su alocución fue el recordatorio del cierre de la UTN en General Pico por decisión del gobierno de facto. “Fue una decisión del gobierno militar cerrar la UTN”, enfatizó. La memoria, para Alpa, también es recordar cómo la comunidad de Pico se organizó durante dos años de reuniones persistentes para reconstruir lo que les habían quitado, logrando finalmente la creación de la Facultad de Ingeniería en la UNLPam.
Lo social y lo económico: El mapa del horror
Para el Rector, construir memoria hoy significa discutir el modelo completo que se intentó imponer. No se trata solo de la tragedia desgarradora de las desapariciones, sino de entender el trasfondo socioeconómico de la era Martínez de Hoz.
”Seguir construyendo esa memoria significa seguir discutiendo lo que estaba pasando; no solo el tema desaparecidos, sino lo social y lo económico”, remarcó Alpa. Para el funcionario, el efecto devastador de aquellas políticas sigue siendo un objeto de análisis necesario para entender el presente.
Mientras las antorchas comenzaban a encenderse para iniciar la marcha, las palabras de Alpa quedaron flotando en el aire de la Facultad: la memoria es un ejercicio activo. Es recordar la educación que se perdió, la economía que se destruyó y la comunidad que, a pesar de todo, se volvió a juntar para levantar sus aulas una vez más.




