El médico urólogo y andrólogo Pablo Dédola pasó por los estudios de InfoPico Radio 99.9 para desglosar un tema que muchos prefieren esquivar: los cambios físicos, hormonales y psicológicos que atraviesan los hombres al llegar a la cuarta década de vida. Lejos de quedarse solo en lo biológico, el profesional trazó un crudo panorama sobre cómo los recientes despidos en la región están impactando de lleno en la salud sexual y general de los piquenses.
“Tu nafta súper empieza a flaquear”
Con esa metáfora, Dédola graficó el punto de inflexión que marcan los 40 años en el cuerpo masculino. A partir de esa edad, independientemente de la genética, las hormonas comienzan a bajar su rendimiento, desencadenando una serie de alteraciones que muchas veces se naturalizan por error.
El cansancio crónico y la mala calidad del sueño son las primeras señales de alerta. “Mucha gente dice que duerme siete horas, pero no tiene una etapa de sueño profundo. El bruxismo, por ejemplo, produce un trastorno enorme”, explicó el especialista.
A esto se suma un cambio metabólico ineludible. Aunque se mantenga la misma dieta de hace una década, el cuerpo ya no procesa los alimentos a la misma velocidad. Es allí cuando aparece la “pancita” o grasa visceral, que genera una inflamación generalizada en el organismo. Este cuadro es el terreno fértil para la pérdida de apetito sexual, disminución de masa muscular, obesidad, resistencia a la insulina e hipertensión.
Salir “al mercado” y la negación de los síntomas
“Si vos te separás y salís al mercado, en la calle no podés estar así, tenés que mejorarlo. Viste que todos los hombres que están divorciados lo primero que hacen es empezar el gimnasio”, bromeó Dédola, apuntando a una realidad innegable.
El urólogo advirtió que muchos hombres en pareja asumen la falta de deseo o la pérdida de erecciones matinales como un simple “desgaste” de la relación, cuando en realidad se trata de un problema médico tratable. “Si a los 40 años no tenés erecciones matinales, hay que hacer un chequeo de hormonas y empezar a trabajar”, sentenció.
Para evitar llegar a un punto crítico, la recomendación es clara: a partir de los 35 años, el hombre debe contar con un médico clínico o cardiólogo de cabecera que controle la presión arterial, el diámetro de la cintura, el colesterol y la glucemia. Una vez estabilizada esa base, el tratamiento ideal para la salud masculina requiere un equipo interdisciplinario que incluya urólogo, endocrinólogo, nutricionista y psicólogo.
El lado B de la crisis: despidos y disfunción sexual
El aspecto psicológico juega un rol determinante en la intimidad, y la coyuntura económica de General Pico y La Pampa no es ajena al consultorio. Durante su atención en el hospital público, Dédola notó un incremento alarmante de consultas derivadas del estrés laboral y la pérdida de poder adquisitivo.
“Hoy a la mañana en el hospital, las tres primeras consultas que tuve fueron todas por disfunción sexual en gente joven. Personas a las que acaban de echar de su trabajo”, reveló el médico.
El impacto emocional de perder un empleo de años, sumado a la caída de las obras sociales y prepagas, conforma lo que el doctor definió como un “combo explosivo”. La crisis golpea la autoestima y condiciona los encuentros sexuales, generando un círculo vicioso de ansiedad y frustración.
La situación de vulnerabilidad llega a extremos dolorosos. Dédola relató el caso de un trabajador recientemente despedido que llegó doblado del dolor por una piedra en el uréter. Al cortársele la prepaga y no contar con el dinero de la indemnización, la cirugía quedaba fuera de su alcance. “Con mi socio le terminamos regalando la cirugía, porque el pobre tipo no podía pagar algo que ya no le cubría la obra social”, lamentó el profesional.
Este escenario de “sábana corta” empuja a cada vez más vecinos al sistema público de salud, saturando sus recursos y dejando en evidencia que la inestabilidad económica tiene un costo físico y mental directo sobre la población.

