Por Margarita Cervio
Qué decir ante semejante belleza, para mí entra en la categoría poema, esta pequeña ave de unos 13 cm, posada en un ciruelo en flor, en un crataegus o en caldenes, genera una composición digna de un poema. ¿No sé qué opinan ustedes? A mí me parece particularmente bella.

En la tacuarita, que es nuestro tema de hoy, existe una leve diferencia entre macho y hembra. Lo más notable es que el macho tiene antifaz y la hembra no, y la menos notable es que las hembras son algo más claras.

El Color en las Plumas: Una ventaja evolutiva.
Alguna vez se preguntaron ¿qué función puede tener el color de las plumas en la tacuarita? Y ¿por qué en La Pampa tenemos tantas aves en colores marrones y en el norte las aves son tan coloridas? Lo que encontré sobre la primera pregunta, y la segunda la dejamos para el debate, es una cita textual del libro “Aves Vida y Conducta” de Roberto Ares: “El color del plumaje puede entregar información sobre la carga parasitaria de las potenciales parejas. También se especula que el color pueda ser una defensa directa contra los parásitos. La melamina hace que las plumas sean más duras y más resistentes al uso y a desgarrarse. También podría hacer que las plumas sean más difíciles de comer para los parásitos que intentan alimentarse de ellas”.
La verdad es que nunca hubiera imaginado esta función, pero nos abre un mundo nuevo para seguir aprendiendo, porque esta no es la única utilidad.

La Experiencia de Encontrar a la Tacuarita Azul.
Les cuento que la primera foto que vi de la tacuarita fue hace más de 20 años, y al ver el color y el diseño, quedé totalmente enamorada. Aunque en el libro estaba un poco exagerada, era un pompón azul con antifaz negro, de un azul casi iridiscente, y me obsesioné con querer encontrarla, a tal punto que decía que no me moriría hasta no ver una Tacuarita Azul. Un amigo, acostumbrado a andar en el monte y no en pastizales como yo, me dijo: “Te espero a las 17 hs en La Malvina, en Santa Rosa”, y fui, esperanzada e ilusionada, pero no tan convencida de que realmente la vería. Pero, para mi felicidad, ahí estaba, y no solo la pude ver, sino que también la pude fotografiar. De la foto a la realidad había una notable diferencia, pero lejos de desilusionarme, la amé.
Años más tarde, cuando estaba de albañil en mi casa y sin cámara, la veo en el álamo plateado del vecino. Hasta el día de hoy me cargan con el video y mi locura al encontrarla en mi casa, pero nadie más que yo la pudo ver. Era una manchita celeste entre tanto gris, casi imperceptible al ojo humano. Los celulares no tenían cámaras tan precisas como ahora. Así que corría de un lado a otro intentando que los míos la vieran, pero eso no pasó, y las fotos eran peores. Aunque con total convicción, y para recuperar la dignidad perdida, hasta se las marqué con un círculo rojo, pero nada, nadie más que yo veía esa manchita azulada entre las ramas del árbol.
Qué les quiero decir con esto, que quizás siempre estuvieron, solo que mi teoría es: que hasta que no la ves por primera vez o no te la muestran, el ave no aparece, y luego el ojo se acostumbra y la encuentras por todos lados. Después me cuentan si se suman a mi teoría o no.
Pero es como cuando te compras algo y decís: “Existen pocos en la ciudad”, y al tenerlo, empezás a prestar atención y los ves por todos lados. No es que no estaban, es que vos no les prestabas atención. Una vez en tu retina, y ¡magia! Estaba en todos lados.

La Magia de ver a la Tacuarita Azul.
Para ayudarles a encontrarla, les cuento que se las suele ver en pareja o en pequeños grupos, confiada al extremo, que daría la sensación de que hasta pudieran chocarte cuando andan en el proceso de encontrar pareja. Muy activas y con un canto variado e incluso imitan. Se alimenta de insectos, arácnidos y larvas. Pocas veces se la ve en el suelo y construye un nido con forma de tacita construido con fibras vegetales y recubierto externamente con líquenes.-


Sacarle una buena foto es casi misión imposible, por eso le pedí algunas fotos a Juanjo Tamagnone, se mueven mucho, siempre entre las ramas de los árboles o arbustos, y esta semana la vi todos los días en la Reserva Natural Urbana Delfín Pérez, en el ingreso, frente al centro de atención al visitante, frente a la enfermería, en la bajada náutica y en la isleta de chañares. En la ciudad existen varios registros en el vivero Williamson, en la plaza San Martín y hasta en la municipalidad. Hoy les diría que es común de ver, pero verla te alegra el día.
Les deseo la suerte de encontrarla y la magia de verla a diario. Espero que hayan disfrutado conociendo más sobre este ave y que sigan compartiendo sus experiencias y fotos conmigo. Nos vemos el próximo sábado, sin jaulas y con más aves que compartir. ¡Disfruten del día!

