Por Margarita Cervio
Hoy conoceremos a la Golondrina tijerita (Hirundo rustica). El nombre “Hirundo” proviene del latín y significa “golondrina”, mientras que “rústica” se refiere a su hábitat campestre. Sin embargo, en mi humilde opinión, esta ave es la menos campestre de todas nuestras golondrinas, ya que últimamente es común verla anidando en la ciudad, en las galerías de las casas o en construcciones de la Reserva Natural Benicio Delfín Pérez.
Son muy sociables y, al salir de mi casa, veo grandes bandadas posadas en cables o en el canal que lleva el agua de lluvia hasta la reserva. Es un espectáculo maravilloso verlas volar, no son muy veloces, pero sí ágiles.

Para los que no la conocen, la Golondrina tijerita es un ave pequeña de unos 15 cm con una cola ahorquillada larga, pero no tan larga como la de una tijereta. Su pico es corto, pero puede abrirlo mucho para capturar insectos en vuelo. Al observar la foto, notarán que para cazar en vuelo cuentan con una adaptación genial: tienen pestañas o vibrisas alrededor de los ojos. Estas estructuras no son exactamente lo mismo que las pestañas humanas, pero cumplen funciones similares: protegen los ojos del polvo y los insectos mientras vuelan y les permiten detectar presas cercanas.

Nido y Reproducción
La Golondrina tijerita construye su nido en pareja, en forma de semicírculo de barro con pajitas pegado a la pared, y muchas veces con plumas en el interior. Ponen de 4 a 6 huevos blancos con pintas castañas y lilas. Los individuos de ambos sexos defienden el nido, pero los machos son particularmente agresivos y territoriales.

Simbolismo y Cultura
Las golondrinas normalmente se asocian a la llegada de la primavera y el amor, lo que ha llevado a frecuentes referencias culturales en escritos literarios. Me gusta particularmente la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer, que dice:
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaba
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate,
nadie así te amará.

Conservación y Amenazas
Son un ave para mirar y admirar, pero su belleza y confianza con el humano las llevan a ser presa fácil de las gomeras. Es notable la cantidad de pichones que mueren esperando que sus padres regresen al nido a alimentarlos. Así que, a cuidarlas, que cuantas más golondrinas menos mosquitos molestando por casa.


