El nuevo obispo diocesano, oriundo de General Pico, prepara su asunción oficial prevista para marzo. En una charla profunda, analizó la realidad social, el flagelo de la droga y la crisis de valores, asegurando que las políticas asistencialistas “no dieron trabajo, sino que mantuvieron la pobreza”.
La Iglesia pampeana vive un momento histórico con la designación de Luis Martín como nuevo obispo diocesano. No es un nombramiento más: se trata del primer prelado nacido en la provincia, específicamente en General Pico, que asume la conducción pastoral de esta jurisdicción. Mientras ultima los detalles de su mudanza definitiva desde General Acha a la sede del obispado en la calle Mitre de Santa Rosa, Martín dialogó sobre sus raíces, su fe y su preocupada visión sobre la actualidad argentina.
Un piquense al frente de la Diócesis
Nacido el 4 de marzo de 1961 en General Pico, Martín mantiene un vínculo estrecho con su ciudad natal, donde reside gran parte de su familia, incluidos hermanos y sobrinos. “Soy el primer obispo que ha nacido en esta diócesis”, confirmó en dialogo con el periodista Daniel Lucchelli para LU100 Radio Capital, destacando la juventud del territorio eclesiástico pampeano. Su lema episcopal, “Hágase en mí según tu palabra”, refleja su profunda devoción mariana, la cual busca extender ahora bajo la advocación de Santa María de La Pampa.
Actualmente, ejerce como administrador diocesano tras la partida de Monseñor Raúl Martín a Paraná, a la espera de la fecha oficial de su toma de posesión, que se estima será durante el mes de marzo.
“Somos socios para usar”
Más allá de lo litúrgico, la entrevista dejó definiciones contundentes sobre el tejido social. Consultado sobre el clima de violencia y agresividad que se percibe en la calle, el obispo reflexionó sobre la desconexión espiritual de la sociedad.
“Si cortamos con Dios entre nosotros, no somos hermanos. Y si no somos hermanos, ¿Qué somos? Somos socios para cuando necesitamos. Somos una cosa para usar”.
Para el prelado, la fraternidad se ha roto y ha dado paso a un utilitarismo peligroso. Sin embargo, se mostró esperanzado en que muchos están “volviendo a una espiritualidad” para redescubrir el sentido de la vida y los vínculos, más allá de lo material.
Inseguridad, imputabilidad y pobreza
Uno de los tramos más fuertes de la conversación giró en torno a la delincuencia juvenil y el debate sobre la baja en la edad de imputabilidad. Lejos de pedir mano dura, Martín utilizó una metáfora sanitaria para explicar la postura de la Iglesia: “Siempre es más importante lo preventivo que el castigo. Es como la enfermedad: ¿Cómo la voy a tratar? Pongo vacunas para que no se enfermen. Si se enferman tengo que aplicar cosas más duras, pero lo que tengo que buscar es que no suceda”.
El obispo vinculó directamente el delito con el avance del narcotráfico y el deterioro económico de la Argentina, lamentando la desaparición de la histórica clase media nacional.
“Se fue perdiendo eso porque hay políticas que en el fondo no dieron trabajo, sino que los mantuvieron en la pobreza. Y entonces, en ese escenario, se mete la droga”, sentenció Martín, advirtiendo sobre cómo estas sustancias terminan de destruir el núcleo familiar.
A la espera de la confirmación de día y hora para su asunción formal, Luis Martín ya camina la provincia, celebrando misas rotativas y acompañando a las comunidades, con el desafío de pastorear una sociedad que, según sus palabras, necesita urgentemente sanar sus vínculos.

