Político

El tapado piquense: la plural de Pico ya tiene tres nombres y uno todavía no salió a la luz

17 junio, 2026 a las 11:00
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La política pampeana tiene sus propios tiempos. Mientras el calendario dice junio y las elecciones provinciales recién se perfilan para las primeras semanas de mayo de 2027, en los pasillos de la Casa de Gobierno en Santa Rosa y en los asados del norte pampeano ya se habla de nombres, proyectos y estrategias. El peronismo, fiel a su tradición, no improvisa.

En la Línea Plural, el espacio que conduce Carlos Verna, hay un escenario que se va delineando con mayor claridad: dos mujeres con trayectoria y un hombre que, por ahora, prefiere mantenerse fuera del foco. Tres nombres. Tres posibilidades. Y un solo candidato o candidata que finalmente llevará los colores del peronismo vernista a la carrera por la gobernación.

Las dos que ya conocemos

Fernanda Alonso es una de las figuras. La intendenta de General Pico, ultravernista de la primera hora, ya confirmó que no irá por la reelección en la intendencia —un dato político de enorme peso—, lo que libera su agenda y su figura para un proyecto mayor. Verna la lanzó en 2023 como posible primera gobernadora de La Pampa. Ella esquivó el protagonismo con su habitual perfil, pero los movimientos hablan solos. En General Pico, si uno pregunta, el nombre de Alonso aparece naturalmente.

Alicia Mayoral, la vicegobernadora, es la otra ficha del tablero. Su paciencia política es legendaria. Tejió puentes cuando otros quemaban, sostuvo la unidad cuando el vernismo y el ziliottismo se lanzaban dardos. En Santa Rosa, en los pasillos de la Casa de Gobierno, es el nombre que se escucha. Mayoral tiene la vocación, tiene la red, y tiene algo que en política vale tanto como los votos: la confianza de los dos principales conductores del peronismo pampeano.

El tercero que nadie nombra

Y después está él. Un hombre. De General Pico. Con trayectoria ejecutiva en los dos gobiernos de Carlos Verna y en al menos la primera parte de la gestión de Sergio Ziliotto. Alguien que hace tiempo bajó el perfil público, que no ocupa ningún cargo en la actualidad, pero que en el tejido de las entidades intermedias —esas organizaciones que en el interior pampeano mueven voluntades antes de que se imprima una sola boleta— sigue siendo una figura reconocida.

Lo que agrega peso a este nombre es un dato concreto: lo están midiendo. Hay una encuesta en curso, o al menos una medición de imagen, para saber qué plafón político tiene hoy. Eso no es un gesto menor. Nadie invierte recursos en medir a alguien que no está siendo evaluado en serio.

No es una figura masiva en términos mediáticos. Pero la política pampeana no se gana solo en los medios. Se gana en las reuniones de cooperativas, en los encuentros de cámaras, en las redes que se tejen durante años de gestión territorial. Y ahí, en ese espacio, este hombre tiene historia.

Un proyecto, no solo un nombre

Lo que resulta llamativo del análisis político del momento es que los actores más informados no hablan de candidaturas como si fueran nombres sacados de una galera. Hablan de proyectos. De carpetas escritas. De ideas con un 80 por ciento de desarrollo. Eso cambia la naturaleza del escenario: no estamos ante una definición electoral de último momento, sino ante una construcción política que lleva tiempo en marcha.

El peronismo pampeano tiene esa virtud —o ese vicio, según desde dónde se mire— de aparentar que no decide nada hasta que ya está todo decidido. La lapicera, en términos vernistas, no se muestra hasta que firma.

El tablero de enfrente

La oposición, mientras tanto, también tiene sus propias incógnitas. Adrián Ravier, con buena eleccion y cercanía con el poder nacional, y Martín Berhongaray, con su propio espacio en construcción dentro de la UCR y una elección de 2023 que lo posicionó, son los dos nombres más concretos. Pero entre La Libertad Avanza y el PRO no hay todavía una identidad electoral consolidada en La Pampa: no existe el votante duro de esos espacios al nivel que existe el radical o el peronista. Y el radicalismo, según reconocen sus propios referentes, moviliza un elector 100% radical duro en torno al ocho por ciento del electorado con certeza. El resto es pelea.

Un dato que no hay que perder de vista: en La Pampa posiblemente no habrá el efecto de arrastre de una elección nacional simultánea. En 2023, los pampeanos votaron a Milei para presidente y a Ziliotto para gobernador el mismo año. Esa aparente contradicción tiene una explicación sencilla: cuando las elecciones se desdoblan, la lógica provincial manda. El votante evalúa la gestión local con otros criterios.

Lo que viene

Para octubre, el escenario debería estar bastante más claro. El peronismo necesita ir precalentando al candidato o la candidata, aunque sea en voz baja. La oposición necesita resolver si va fragmentada o intenta la unidad. Y ese tercero piquense, ese nombre que todavía no salió a la luz pública, deberá decidir si da el paso o sigue esperando en las sombras.

La política pampeana, como siempre, tiene más movimiento del que se ve en la superficie. El asado donde se definen las cosas importantes ya está en el fuego.