Por Margarita Cervio
En los humedales pampeanos hay un grito que atraviesa el viento y sacude la siesta. Es profundo, potente, imposible de ignorar. El protagonista es el chajá, una de las aves más emblemáticas de nuestra llanura. Y se llama así porque su canto es onomatopéyico: “chajá-chajá”. Verlo recuerda a una gallina gigante.

Amor que se escucha a kilómetros
Hoy, en el Día de los Enamorados, pensaba si mostrarles a los monógamos o a los más libres… pero vamos a celebrar el amor único. Y el chajá, sin duda, es su emblema.
Esta ave pasa dos o tres años sola hasta alcanzar su madurez sexual. Luego busca una pareja que, normalmente, lo acompañará toda su vida.
Caminan juntos, vuelan juntos y defienden juntos su territorio. Se dan “piquitos”, se acomodan las plumas, se sacan las pulguitas… y se responden en duetos que pueden oírse a más de dos kilómetros. Ese “chajá-chajá” no siempre es alarma: muchas veces es diálogo.
En el campo dicen:
“Cuando el chajá grita de a dos, hay amor bajo el sol.”

Centinela del humedal
No solo ama: también protege.
Vieron que el tero tiene un espolón y cuando defiende su nido asusta, y apenas mide 35 cm. Bueno… el chajá mide unos 85 cm y tiene dos espolones óseos en cada ala. Verdaderas armas naturales que usa para defender su nido y su familia, tiene pico ganchudo y patas potentes y una envergadura de alas digna de un ave rapaz.
Su presencia alerta a todo el entorno. Es “ la alarma del campo”. Si el chajá grita, algo está pasando.
Los avistadores de aves lo amamos porque las fotos que regala son excepcionales. Pero cuando estás tratando de enfocar un ave rara y el chajá empieza a gritar… y no queda ninguna… mmmm… algunos días se nos va el amor. Jajaja.

¿Qué podemos decir de este ave?
• Pertenece al mismo orden que los patos y gansos, aunque no lo parezca.
• Es herbívoro: se alimenta de plantas acuáticas y pastos.
• Construye grandes nidos flotantes con vegetación.
• Sus pichones nadan pocas horas después de nacer y son de un color casi dorado.
• Tiene pequeñas cavidades de aire bajo la piel que lo ayudan a flotar y volar pese a su tamaño.

¿Cómo reconocer al chajá en La Pampa?
• Es grande y robusto, de cuello largo.
• Plumaje gris con un collar negro bien marcado en el cuello.
• Cara desnuda con piel rojiza alrededor del pico.
• Siempre cerca de lagunas, bajos inundables y campos con agua.
• Y, sobre todo… por su grito inconfundible.
Si escuchan un llamado que parece rasgar el horizonte, no lo duden: el chajá está haciendo saber que ese lugar tiene dueño… y tiene pareja.

En tiempos donde todo parece pasajero, el chajá nos recuerda que amar también es quedarse, responder y compartir el mismo nido.
Que el amor verdadero no es silencio ni distancia: es presencia, es defensa, es elegir todos los días el mismo horizonte.
Nos vemos el próximo sábado, sin jaulas y con más aves por compartir.
¡Disfruten el fin de semana! Y feliz día de los enamorados.-
Fotografías: Juanjo Tamagnone – Margarita Cervio

