En su columna habitual en INFOPICO RADIO 99.9, el kinesiólogo Macota Espada abordó un tema de gran relevancia para deportistas y personas que realizan actividad física: la fatiga muscular. El especialista explicó las causas, los síntomas y las claves para evitar que un simple cansancio se convierta en una lesión que requiera rehabilitación.
¿Por qué aparece la fatiga?
Espada comenzó aclarando que la fatiga es un predictor de lesiones y sus causas son variadas. “La fatiga aparece principalmente por afectaciones fisiológicas, que es nuestro medio interno, en donde puede haber una acumulación de metabolitos, un déficit de ATP y glucógeno”, señaló. Explicó que estas son variables complejas que ocurren en el torrente sanguíneo y que regulan la energía que llega a las fibras musculares y al sistema nervioso.
Más allá de lo fisiológico, el kinesiólogo detalló las causas más comunes en la vida cotidiana. “Lo más común es que la fatiga aparezca por falta de entrenamiento, por mayor intensidad a la que podemos soportar la carga, o sea, si vas al gimnasio y trabajás con mucha intensidad y no venís entrenado a esa carga, obviamente que en tu rutina vas a empezar con síntomas de fatiga”, afirmó.
Además, destacó que “la mala técnica de ejecutar los movimientos o los ejercicios también puede ocasionar fatiga porque trabajás con músculos inadecuados”.
Señales de alerta: ¿Cómo se manifiesta la fatiga?
Reconocer los síntomas a tiempo es fundamental para frenar y evitar un daño mayor. Según Espada, las señales de alerta incluyen:
- Dolores que pueden ser agudos y punzantes.
- Aparición de calambres.
- Sensación de no recuperarse completamente tras períodos cortos de descanso.
- Sensación de entumecimiento.
“Cuando aparecen estos síntomas, hace falta generar en ese músculo un estímulo de estiramiento, darle un estímulo de relajación más profundo y más largo en tiempo. La pausa tiene que ser más alta”, recomendó el profesional.
La prevención como herramienta clave
Para evitar llegar al punto de la lesión, Espada subrayó la importancia de un enfoque preventivo. Esto incluye un monitoreo médico para conocer el estado del “medio interno”, un adecuado asesoramiento nutricional y, fundamentalmente, una correcta hidratación, ya que la deshidratación y la transpiración excesiva aceleran la aparición de la fatiga.
Uno de los puntos más importantes, según el kinesiólogo, es la comunicación con el entrenador o preparador físico. “El profe de educación física o el que maneja un gimnasio tiene que escuchar al alumno y saber decirle que el día que está cansado, que haga algo que lo despeje”, sostuvo. Adaptar la rutina a las condiciones de cada día es crucial.
“Hay muchos predisponentes para que aparezca la fatiga. Me fui a lo fisiológico, pero también lo social y lo emocional tiene muchísimo que ver. Uno tiene que saber escuchar su cuerpo para evitar ir al kinesiólogo”, enfatizó Espada.
Finalmente, concluyó que la intervención del kinesiólogo suele ocurrir cuando el daño ya está hecho, como una ruptura fibrilar, una contractura o un espasmo muscular. “Cuando intervenimos nosotros es porque hicimos todo mal en la previa”, advirtió, reiterando el mensaje central: “Es importante escuchar el cuerpo y darle gran importancia a la aparición de los síntomas de la fatiga”.



