Se fue de General Pico a los 10 años y hoy es reconocido por su trabajo en Junín

19 marzo, 2018 a las 13:45

Se desempeña como colectivero y va a cumplir 50 años trabajando en el transporte de pasajeros.



Se trata de José Luis Pepa quien nació en General Pico y a sus diez años, junto a su padre se trasladaron a vivir a la ciudad de Junín donde residió en el barrio Belgrano, completó la primaria en la Escuela N°18 y en la secundaria fue al Comercial. No llegó a terminar porque tuvo que salir a trabajar. 

 “A mí el colectivo me dio todo”, señaló en una entrevista que le realizó el diario Democracia de esa ciudad. Lleva cinco décadas de permanencia en la actividad. Fue chofer de línea en Junín y de larga distancia. Hace 20 años emprendió su propio proyecto y hoy es una referencia dentro de su rubro. 

José Luis Pepa, propietario de la empresa de transportes que lleva su apellido, tiene una dilatada trayectoria en su actividad. “Voy a cumplir 50 años llevando gente”, cuenta.

Arrancó lavando colectivos, fue chofer de corta y larga distancia, y desde hace unos 20 años tiene a su cargo, con su firma, el recorrido entre el centro de la ciudad de Junín y el Parque Natural Laguna de Gómez. Paradójicamente –o no–, medio siglo después de sus inicios, en una ciudad sin transporte público, su apellido es sinónimo de esa actividad. 

Pepa nació en General Pico, La Pampa. Vivió allá hasta sus diez años, cuando su padre, electricista, consiguió trabajo en nuestra ciudad. Acá Empezó limpiando las unidades del Expreso Villa Belgrano que era “la verde”, cuando en Junín había cuatro líneas de colectivos.

Tenía 17 años cuando le ofrecieron hacer un recorrido. “En ese momento, los jueves a la tarde todas las líneas íbamos al Cementerio del Oeste y lo hice. Era un colectivo Bedford y había que tener un cuidado bárbaro”, recuerda.

Eran las épocas en que las líneas de colectivo cortaban más de 500 boletos diarios.

A sus 22 años pudo ingresar a la empresa Rojas, que hacía recorridos de larga distancia. Era un área donde “se ganaba mucho más”. Fue un salto importante en su carrera. Hacía viajes por varias provincias del país. “Trabajaba yendo y viniendo hasta que nos tocaban seis francos seguidos, era muy sacrificado”. Ahí estuvo trece años y cuando la empresa fue comprada por La Estrella, se fue “porque cambió la modalidad de trabajo”.

Durante un tiempo trabajó con empresas de turismo hasta que se armó la empresa La Huella: “Me llamaron para formar parte de ese proyecto como inspector, el armado de los horarios y demás. Fue la última empresa de colectivos que quedó”. La línea funcionó unos siete años, hasta que los dueños se la vendieron a los choferes. Allí, Pepa se quedó con el recorrido a la Laguna. 

Pepa asegura que sigue disfrutando de su trabajo como el primer día: “Con la edad que tengo, todavía me encanta manejar. En el colectivo es como si anduviera en mi auto. Es un trabajo lindo, con contacto con la gente”.

Sin embargo, se lamenta que su oficio se esté perdiendo: “No es lo mismo manejar una camioneta como las que transportan ahora, que un colectivo. Es un trabajo que tiene sus secretos, no es solamente manejar y salir andando, porque hay que cortar boletos, se debe desviar la vista, y como no hay más transporte, se está perdiendo”. Y al momento de hacer un balance, concluye: “A mí el colectivo me dio todo. No sé qué hubiera sido de mi vida si hacía otra cosa. El colectivo es mi vida, mi pasión”.

 

Fuente y Foto: www.diariodemocracia.com

 

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