La directora del Hospital Barrio Federal de General Pico, Lucía Campo, explicó cuál es la filosofía de trabajo que ordena la atención diaria en la institución: nada de mate, nada de comida y nada de celular frente al usuario. «Estamos en un área de trabajo y trabajando para los pacientes», sintetizó la profesional en diálogo con InfoPico Radio 99.9.
El efector del norte piquense cumplió su primer año de funcionamiento este viernes 16 de octubre de 2026, y entre las cuestiones que más destacan quienes se acercan a atenderse aparece, junto a la infraestructura, el orden en el trabajo del personal.
Consultada al respecto, Campo reconoció que se trata de una impronta personal de su conducción y que no siempre resulta cómoda hacia adentro del equipo. «Es ordenado, es lo que yo pretendo. Tengo algunas cosas que a muchos de mis compañeros no les gusta, pero hacen al orden y hacen a que la gente se sienta cómoda», admitió.
La directora detalló puntualmente en qué consiste esa exigencia cotidiana: «Un ejemplo: atender al usuario sin estar comiendo, sin estar tomando mate, sin estar usando el celu, que no haya ruidos molestos porque los ruidos interfieren en la comunicación».
En esa línea, explicó que el ruido ambiente no es un detalle menor, sino un obstáculo concreto para el acto médico: impide «transmitirle al usuario qué necesita» y dificulta que el personal pueda relevar «qué datos necesitamos nosotros» para una correcta atención.
Para Campo, estas reglas aparentemente mínimas terminan configurando la experiencia completa del paciente dentro del hospital. «Todo ese orden y esas pequeñas cosas hacen que el usuario diga: bueno, acá voy, me escuchan, me reciben, me atienden, no están distraídos, están prestándome atención a mí. Eso es lo que yo quiero», remarcó.
La definición de la directora deja en claro que, en el Barrio Federal, la calidad de la prestación no se mide únicamente en aparatología o en cantidad de especialidades, sino también en la disposición concreta del personal frente a quien llega a pedir ayuda.
Se trata, en definitiva, de una política interna sostenida desde el primer día de funcionamiento del efector, que busca que cada persona que cruza la puerta perciba que del otro lado del mostrador o del escritorio hay alguien enteramente disponible para escucharla.
