El horror puertas adentro: la deuda de la sociedad con las infancias que expone la Justicia piquense

24 agosto, 2026 a las 15:15
El horror puertas adentro: la deuda de la sociedad con las infancias que expone la Justicia piquense (Imagen ilustrativa IA - infopico.com)
El horror puertas adentro: la deuda de la sociedad con las infancias que expone la Justicia piquense (Imagen ilustrativa IA - infopico.com)

En la redacción de infopico.com, el trabajo diario nos enfrenta a la lectura constante de partes policiales y expedientes judiciales. Procesar datos, transcribir calificaciones penales y comunicar sentencias es parte de nuestra responsabilidad profesional. Sin embargo, hay fallos —como el dictado recientemente en los Tribunales de General Pico por abusos reiterados a dos niñas— que quiebran cualquier frialdad objetiva y nos obligan a detenernos.

Al leer los detalles de un legajo tan doloroso, la angustia es inevitable, pero sería un error gravísimo detenernos en el impacto que la noticia genera en quienes la leemos o escribimos. Aquí no hay más víctimas que las verdaderas protagonistas de esta historia: esas dos niñas a las que les arrebataron la inocencia en el lugar que debía ser su refugio seguro. Nuestro asombro o nuestro rechazo ante el papel impreso no es absolutamente nada frente al infierno que ellas atravesaron puertas adentro.

Lo que realmente estremece de las frías páginas de esta resolución judicial es el nivel de vulnerabilidad de las infancias y la abrumadora soledad en la que se encontraron. El texto describe cómo una nena de apenas ocho años, paralizada por el miedo, intentaba defenderse recurriendo a la única herramienta que tenía a mano: invitar a su prima a la casa para no quedarse sola con el abusador. Es allí donde la lectura nos interpela de lleno como parte de la sociedad pampeana: ¿en qué fallamos como comunidad para que una niña tenga que idear estrategias desesperadas de supervivencia en su propio hogar?

Las verdaderas heroínas de este relato judicial no son las leyes ni los operadores del derecho, sino estas jóvenes que, años después y venciendo el profundo daño psicológico que detalla la Cámara Gesell, encontraron la valentía inmensa para hablar, romper el silencio impuesto y señalar a quien les hizo tanto daño. Su entereza es la que permitió llegar a esta condena de diez años de prisión.

Como padres, enfrentarse a estos casos sacude las bases de todo. Uno apaga la computadora, regresa a casa, observa a su propio hijo jugar, crecer y confiar ciegamente en los adultos que lo rodean, y la realidad golpea con brutalidad. Ese instinto de protección natural choca de frente con la evidencia de que, muchas veces, el verdadero peligro no está en la calle, sino sentado a la mesa familiar. Pero, de nuevo, ese dolor que sentimos como adultos responsables no nos convierte en las víctimas; nos convierte en deudores. Nos exige estar más alertas, escuchar los silencios, atender los cambios de conducta y dejar de creer que los monstruos son personajes de ficción.

La Justicia de General Pico ha dado su veredicto y el responsable deberá cumplir su pena. Pero para el resto de nosotros, el expediente no debería cerrarse. Estas niñas, con su inmenso coraje, nos están pidiendo a gritos que miremos de frente a una realidad incómoda y dolorosa. Nos toca asumir nuestro rol, dejar el espanto de lado y trabajar para construir redes de contención reales, para que nunca más una infancia tenga que defenderse sola en la habitación de al lado.

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