Político

La Pampa 2027: la interna que nadie confiesa y la unidad que nadie construye

11 julio, 2026 a las 19:00

Todavía falta casi un año para que La Pampa vote gobernador, pero en apenas quince días el tablero político ya mostró sus cartas. Y lo hizo, paradójicamente, hablando de todo menos de sí mismo: el peronismo eligió mirarse el ombligo, la oposición eligió señalar con el dedo, y en el medio quedó flotando una pregunta incómoda que nadie contestó del todo: ¿quién se anima a poner primero el nombre propio arriba de la mesa?

El PJ, atrapado entre el “todos somos uno” y la grieta que ya tiene nombre y apellido

Daniel Bensusán salió a bancar la vieja escuela: consenso puertas adentro, “un peronismo dividido perjudica a La Pampa”, la liturgia de siempre. Pero decir que hay que evitar la división es, en criollo, admitir que la división ya existe. Y tiene nombre: Fuerza Pampa, la agrupación de Luciano Di Napoli, que le mete ruido justo cuando el oficialismo necesitaría mostrarse compacto.

Unos días después salió Espartaco Marín a bajar la temperatura con el discurso más picante de las cuatro notas: “no me interesa discutir si el próximo intendente es Juan o Pedro, me interesa saber qué carajo va a hacer Juan o Pedro”. Suena a golpe de autoridad programática, pero léase entre líneas: es también un pedido de auxilio. Cuando un dirigente insiste tanto en que “no hablemos de personas”, generalmente es porque hablar de personas —es decir, de quién se queda con la candidatura— ya empezó a doler puertas adentro.

Lo llamativo es que Marín no descarta la interna. Al contrario, la naturaliza citando 2003, 2007 y 2015 como pruebas de que el peronismo compitió puertas adentro y retuvo la provincia igual. Es una jugada inteligente: blanquea el conflicto sin asustar a la tropa. Pero no deja de ser una confesión de parte: el peronismo pampeano llega a 2027 sin fórmula de unidad automática, algo que hace diez o quince años hubiera sido impensado en un partido que gobierna La Pampa desde 1983 casi sin interrupciones.

Las dos piquenses que le cambian el mapa a todo el peronismo

Y acá aparece el dato que ninguna de las cuatro notas originales nombraba, pero que sobrevuela cada una de ellas: Fernanda Alonso y Alicia Mayoral. Las dos referentes más fuertes que tiene hoy el peronismo en General Pico, las dos del riñón de Carlos Verna y su Línea Plural, y las dos con el nombre puesto en la carrera a la gobernación de 2027.

Alonso ya dio el primer paso, y no es menor: confirmó que no va por la reelección en la intendencia. Dijo que quiere que su sucesión “garantice las elecciones en Pico” y, sobre la gobernación, jugó a la cautela clásica del dirigente que no quiere quemarse antes de tiempo: “no es algo que me quite el sueño, no es algo personal”. Pero nadie en la política pampeana se retira de un cargo que ganó dos veces sin que eso signifique que está mirando uno más grande. Fue el propio Verna el que la bendijo como posible primera gobernadora mujer de la historia de La Pampa, y esa frase, una vez dicha por el cacique de la Plural, no se borra.

Mayoral juega otro partido, más silencioso pero no menos decisivo: como vicegobernadora en ejercicio, es la que sostiene puentes con todos los sectores internos del PJ y aparece como la carta de la unidad cuando las aguas se agitan. Entre las dos piquenses no falta historia de tensión —hay antecedentes de internas ásperas— pero en el último tiempo decidieron remar juntas, y eso, en un peronismo tironeado entre Ziliotto, Verna y Di Napoli, vale plata.

Ponele nombre a esto: mientras Bensusán pide consenso y Marín pide propuestas, dos mujeres piquenses del mismo espacio interno se posicionan, sin necesidad de gritarlo en un micrófono, como las candidatas naturales a romper un techo que La Pampa nunca rompió: la provincia jamás tuvo una gobernadora. Y curiosamente, ninguna de las dos apareció citada en las notas que motivaron esta columna. A veces el silencio también es una jugada política.

La oposición tiene el diagnóstico. Le falta el remedio.

Del otro lado del mostrador, Daniel Kroneberger no se guardó nada: “el oficialismo está desgastado, ya no está a la altura de los requerimientos de la sociedad”. Es la frase más filosa de todas, y además viene acompañada de algo poco común en un dirigente político: una autocrítica genuina sobre el propio pago chico. “Nos hemos quedado en el tiempo”, dijo, comparando a La Pampa con provincias que “avanzaron mucho más”. Eso no es solo un golpe al peronismo: es un golpe a cuarenta años de statu quo institucional pampeano, del que la propia oposición también es parte.

El problema de Kroneberger es el de siempre: pedir un “frente amplio opositor” es fácil de decir y durísimo de armar. La Pampa tiene un largo historial de oposiciones que juntan voluntades en el papel y se desarman en la cancha. Y ahí aparece la pata que le falta a ese rompecabezas: el PRO.

Mac Allister y la frase que incomodó a todos los varones de esta nota

Marita Mac Allister no vino a hablar de armado electoral —vino a hablar del Tribunal de Cuentas— pero cuando le tocaron el tema 2027 no esquivó nada. Dejó la frase más incómoda de las cuatro notas, y no es casualidad que sea la única mujer citada en el material original: “a las mujeres siempre nos buscan para ser segundas […] cuando el del otro lado nunca nos preguntó qué queremos”. Y ahí la ironía se pone espesa: mientras en el peronismo dos mujeres piquenses empiezan a asomar como candidatas de fórmula completa, en la oposición la referente del PRO todavía tiene que reclamar en voz alta que no la relojeen como segunda.

Hay un dato político concreto además: Mac Allister confirmó que el PRO ya se sentó con LLA en la elección pasada y que el radicalismo “siempre” estuvo en esa mesa. Traducido: el armado opositor que reclama Kroneberger no es una fantasía, ya tiene antecedentes. La pregunta es si esta vez el frente se sostiene con un proyecto de gestión real, como pide el propio Kroneberger, o si vuelve a ser una alianza de ocasión.

La lectura de fondo

Cuatro voces, tres partidos, un solo patrón: nadie quiere ser el primero en poner un nombre propio sobre la mesa. Salvo, quizás, el peronismo piquense, que ya empezó a moverse: Alonso dejando la intendencia con la vista puesta más arriba, Mayoral tejiendo consensos desde la vicegobernación. Mientras Bensusán y Marín siguen discutiendo el método —consenso o interna, propuestas antes que personas—, dos mujeres de su mismo espacio ya están, en los hechos, corriendo la carrera.

La oposición, mientras tanto, tiene el diagnóstico fácil (desgaste, alternancia) pero el desafío más difícil por delante: unificar radicalismo, PRO y eventualmente LLA en un frente con proyecto propio, no solo con el “no” al peronismo.

A un año de la elección, La Pampa 2027 arranca con más preguntas que candidatos confirmados. Pero si hay que apostar a los nombres que hoy pisan más fuerte dentro del PJ, dos piquenses —Fernanda Alonso y Alicia Mayoral— ya tienen un pie adentro de la carrera que puede terminar rompiendo un techo histórico: el de la primera gobernadora mujer en la historia de La Pampa.

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