Menos Jaulas – Columna de aves de La Pampa: hoy conocemos el Churrinche

18 octubre, 2025 a las 11:00
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churrinche macho

Por Margarita Cervio

Nos encontramos nuevamente hoy para conocer al churrinche (Pyrocephalus rubinus). Seguramente por ese nombre pocos lo conocerán; para mí era “brasita”. Después ustedes me contarán con qué nombre lo conocían. Estamos hablando de un pájarito muy pequeño con una marcada diferencia entre macho y hembra. Vemos a los machos fácilmente porque son de color rojo con alas, cola y antifaz negruzco, mientras que la hembra es de color pardo grisáceo.

El nombre rubinus viene del latín rubeo, que significa ‘rubí’, ‘piedra preciosa roja’, y bien puesto está su nombre, ¿verdad? ¿Ustedes qué piensan?

Esta especie nos servirá para notar algo: no la vemos todo el año. Al igual que insectos, peces, ballenas y murciélagos, las aves migran. Pero ¿por qué migran las aves? Es una pregunta que el humano tardó mucho tiempo en responder. Ya desde las Sagradas Escrituras hay referencias sobre las migraciones de cigüeñas, golondrinas y grullas, pero recién en el siglo XVI se entendió que las aves que desaparecían de Francia en invierno eran las mismas que aparecían en el norte de África. Y sí, nuestro amiguito pasa el invierno en zonas más cálidas y vuelve en septiembre u octubre a nuestra querida ciudad. Es por eso que no lo vemos en invierno.

Churrinche hembra

Les cuento que este viaje no es tan fácil, ya que se exponen a diversos peligros. Además, el gasto energético necesario para hacer esos viajes es alto. Debido a ello, las aves migratorias tienen una alta mortalidad, y los disturbios causados por el ser humano las ponen en peligro: el cambio en el uso de la tierra, la pérdida del hábitat, la colisión con diferentes construcciones humanas, la exposición a pesticidas y a otros contaminantes, la caza, el tráfico ilegal y el cambio climático afectan su supervivencia.

Pero año tras año vuelven, y por suerte para nosotros, el churrinche elige La Pampa para reproducirse. He tenido la suerte de ver su nido construido en forma de taza con telarañas, pastos, musgos, palitos y líquenes en una horqueta casi imperceptible a la vista. La puesta es de 2 o 3 huevos color crema o blanquecinos con pintas y manchitas castañas, rojizas y grises, que son incubados en forma exclusiva por la hembra. El macho le trae regularmente alimento en su pico y está atento a la presencia de posibles depredadores.

Este ritual sigue durante 16 días hasta que se produce la eclosión de los huevos. Mientras los pichones son pequeños (1-4 días de edad), la hembra se dedica generalmente al empollado, mientras el macho alimenta a su pareja y ella redistribuye el alimento entre los pichones. Cuando los pichones son grandes (8-12 días de edad), ambos progenitores buscan insectos y arácnidos para ellos, tardando dos semanas en salir del nido. Los juveniles demoran 3 meses en tener el color definitivo en su plumaje, pareciéndose primeramente a la hembra.

Si todavía no lo viste, presta atención: en el Paseo Ferroviario es fácil de ver; en mi patio están casi todos los días; y en la Reserva Natural Urbana Delfín Pérez seguro lo encontrás. ¿Dónde? A menudo podemos observarlo posado en sitios visibles como postes, alambres o extremos de árboles. Se alimenta principalmente de insectos que captura en vuelo. Para ello, realiza una técnica que en ornitología se conoce como “vuelo elástico”: posado en una rama, el ave hace un vuelo rápido para capturar la presa y vuelve a la misma rama (o una cercana), como si estuviera “sujetada por un elástico” de la misma.

Puedo contarles que Juan Williamson, el primer naturalista de General Pico, ya lo veía en la ciudad y los invito a buscarlos junto a otros migradores como tijeretas y golondrinas. Ya podemos decir “casa llena” porque llegaron todos. ¡Buen fin de semana!