Tendón de Aquiles: el riesgo silencioso de una lesión impredecible

20 septiembre, 2025 a las 13:00
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En una reciente entrevista con INFOPICO RADIO 99.9, el kinesiólogo Macota Espada brindó detalles cruciales sobre el tendón de Aquiles, una estructura fundamental para la movilidad que, a menudo, sufre lesiones abruptas y sin previo aviso. Espada destacó la importancia de comprender su función, los síntomas y la necesidad de una atención médica temprana para prevenir complicaciones graves.

Un tendón bajo constante tensión

El tendón de Aquiles es una de las estructuras más exigidas del cuerpo humano. Según explicó el kinesiólogo, está activo en la mayoría de los movimientos cotidianos, desde caminar y ponerse en puntas de pie hasta acciones como apretar el embrague o subir escaleras. “Recibe grandes tensiones porque se encarga durante todo el día de todos los movimientos propios de la marcha”, detalló Espada.

Esta constante actividad, sumada al peso corporal que soporta, lo mantiene en una semi-tensión permanente. Lo llamativo es que, a pesar de su relevancia, el tendón de Aquiles posee una baja sensibilidad. Esta característica lo hace “muy pasible a que si está sufriendo una erosión, una inflamación persistente o algún desgaste, pase desapercibido y lleve a que en un gesto determinado se corte abruptamente”, alertó el profesional.

Rupturas abruptas y síntomas engañosos

Una de las particularidades más preocupantes de las lesiones del tendón de Aquiles es la forma en que se manifiestan. Muchos pacientes experimentan una ruptura de manera espontánea, sin haber sentido dolor previo.

Los que se les corta manifiestan estar jugando al pádel, haberse bajado a empujar un vehículo o traccionar algo haciendo fuerza, y de golpe sienten como un piedrazo y no tienen siquiera dolor en un comienzo. Sienten como un piedrazo y ahí se aflojan porque no pueden mover el pie.

Si bien la mayoría de las rupturas son abruptas, Espada aclaró que en deportistas monitoreados o en individuos de la población general, pueden aparecer molestias previas como tendinosis o tendinitis. Estas inflamaciones, ya sean de origen traumático o biomecánico (por el esfuerzo constante), sí generan sintomatología. “En ese momento es cuando el paciente, el involucrado, tiene que ir al médico. No subestimarlo, no dejarlo pasar”, enfatizó.

Diagnóstico temprano y prevención

Acudir al médico ante las primeras molestias es crucial para diferenciar si el dolor proviene del tendón de Aquiles o de otras estructuras del tríceps sural, como los gemelos o el sóleo. Si se confirma una patología del tendón, la detección temprana permite iniciar un tratamiento adecuado y “hacer todo lo posible para que ese tendón se restablezca su función y no tenga el riesgo potencial de cortarse”, afirmó Espada.

El kinesiólogo puso como ejemplo el caso de un jugador de la NBA que, a pesar de contar con los mejores medios de diagnóstico, sufrió la ruptura de su tendón en plena final. Esto subraya la imprevisibilidad de esta lesión. “Más imprevisible que ese tipo de lesión, yo no creo que haya. Por ahí otras superficies nos dan avisos, nos ponen alerta, no son tan espontáneas. Pero el tendón de Aquiles es una cosa muy significativa, muy rara también, como de la nada se corta y te deja tirado”, comentó.

Avances en el tratamiento y la recuperación

Afortunadamente, los tratamientos para la ruptura del tendón de Aquiles han evolucionado considerablemente. Macota Espada explicó que, en la actualidad, tanto las técnicas quirúrgicas como los materiales de sutura han mejorado, permitiendo una recuperación más rápida y eficiente.

Hoy en día es mucho más rápido, ya no se pone a 45 grados, directamente sale el paciente con un walker, que son esas botitas que te mantienen a 90 y rápidamente se empieza a estimular la movilidad, se empieza a estimular el tejido para que sea una cicatrización más laxa, más blanda, pero a la vez firme.

Este enfoque precoz en la activación permite que el paciente recupere una mayor independencia en menor tiempo, pudiendo movilizarse y realizar actividades mucho antes que con los métodos tradicionales de inmovilización prolongada.

Edad, calidad de vida y resistencia

Si bien no hay una edad excluyente para esta lesión, es poco frecuente en niños y adolescentes, salvo en casos de mucho estrés funcional. Generalmente, afecta a un grupo etario “de los 20 y pico en adelante”, cuando la estructura del colágeno se consolida y se vuelve más dura.

Finalmente, Espada destacó la importancia de la calidad de vida y la actividad física. “Tiene que ver mucho la calidad de vida, el paciente que hace fuerza con el que no hace fuerza. Es mejor siempre estar entrenado, hacer fuerza. Todo eso hace que el tendón sea más resistente y menos propenso a romperse”, concluyó. Aunque la lesión puede aparecer abruptamente incluso en deportistas de élite, un estilo de vida activo y un entrenamiento adecuado son “condimentos” que predisponen a una mayor resistencia y menor riesgo.