Político

A 43 años del hundimiento del Belgrano: “Habíamos salido del baile de Argentino … y al otro viernes estábamos en la guerra” expresó el sobreviviente piquense, Abel Novillo

2 mayo, 2025 a las 19:00
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Cada 2 de mayo, la memoria colectiva argentina se detiene en 1982, recordando el trágico hundimiento del Crucero ARA General Belgrano durante la Guerra de Malvinas, suceso que se cobró la vida de 323 compatriotas. En General Pico, esta fecha resuena con particular intensidad a través de la voz de Abel Novillo, vecino de nuestra ciudad y uno de los 770 hombres que sobrevivieron a aquel naufragio en las gélidas aguas del Atlántico Sur. En diálogo con INFOPICO RADIO 99.9, en el 43° aniversario del hecho, Novillo compartió sus vivencias, reflexiones y la carga emocional que perdura a pesar de las décadas transcurridas.

La Obligación de Recordar y la Percepción del Tiempo:

Para Novillo, recordar no es solo un acto personal, sino una responsabilidad. “Uno tiene que estar y tiene la obligación de estar”, afirmó, explicando que este deber surge no por imposición, sino “por toda la tarea que uno tiene que hacer de malvinizar y también de recordar a los que quedaron, porque podríamos haber sido cualquiera de nosotros”. El paso del tiempo, lejos de atenuar la experiencia, parece intensificarla. “Pasaron 43 años y se da cuenta que fue el día de ayer”, reflexionó, contrastando la percepción actual con la de años anteriores: “Cuando era más joven… es como que el olvido quizás que sea más paulatino”. Las fechas conmemorativas, como el 2 de abril o el 2 de mayo, actúan como un umbral difícil de cruzar: “Durante todo el año pasamos tranquilamente por la puerta de los recuerdos, pero cuando llega una fecha como hoy se agolpan todos los recuerdos y todos los sentimientos y nos cuesta un montón pasar por esa puerta”.

De la Escuela Industrial al Escenario Bélico:

La llegada de Abel Novillo al Crucero Belgrano tuvo particularidades. Con 18 años recién cumplidos y una prórroga del servicio militar por cursar el último año de la Escuela Industrial (“era un año más”), su camino se cruzó con el de otros piquenses en situación similar. “Nos ofrecieron una carrera militar… con el estudio técnico que teníamos, pasamos a formar parte del crucero General Belgrano”, explicó. La transición fue brutalmente rápida. Recordó con nitidez el contraste: “Me acuerdo que si me está escuchando – la nota fue radial-, bien Montaño, un amigo mío… habíamos salido de argentino, del baile… y al otro viernes estábamos en la guerra”. La distancia entre la vida civil juvenil y la realidad bélica se disolvió en cuestión de días.

El Impacto Real: Cuando la Guerra Deja de Ser una Idea:

Novillo hizo una distinción fundamental entre la preparación para la guerra y la vivencia del combate. “Una cosa es saber que estábamos en guerra y otra cosa es darnos de golpe con dos cañonazos, con dos torpedos, ahí darnos cuenta de lo que era una guerra”, sentenció. Remarcó que, aunque la tripulación estaba en alerta permanente y realizaba guardias, la comprensión visceral del conflicto solo llegó con el ataque. Comparó esta epifanía con la que seguramente experimentaron los soldados en las islas al escuchar el primer cañonazo o los pilotos al enfrentar el fuego antiaéreo por primera vez: “Si bien ellos estaban preparados, nunca habían entrado en combate”.

La Memoria Incesante y el Intento de Plasmarla:

“Es increíble la memoria”, repitió Novillo. Impulsado por la idea de dejar un legado a sus descendientes (“le voy a escribir algo para que ustedes lean el día que no esté”), comenzó a escribir sus memorias. El proceso lo sorprendió: “Empecé a escribir y todavía estoy en la parte de las primarias, escribí como 40 hojas… no me quiero imaginar cuando llegue a lo del crucero General Belgrano”. Aseguró que los recuerdos del crucero están “completos” y que el encuentro con otros camaradas a menudo dispara detalles que creía olvidados.

La Anécdota de la ‘Chapita’ Identificatoria:

Entre esos recuerdos vívidos, relató un episodio singular ocurrido durante el hundimiento. “Se le cae a alguien una chapita identificatoria y cuando yo la levanto y lo miro y le grito, él ya iba corriendo a buscar su balsa, y me la guardé en el bolsillo”. Ese pequeño objeto metálico permaneció oculto entre sus pertenencias durante veinte años. Al redescubrirla, y gracias al número de legajo y una fecha grabados, inició una búsqueda. “Lo busqué hasta que lo encontré”, contó. Sin embargo, el desenlace fue agridulce: “Llamo a la mujer, al hijo, y no le dieron importancia… y era el padre, algo del padre… fue un poco triste porque cómo puede ser”. Finalmente, la chapa fue entregada al museo dedicado al crucero en Bahía Blanca.

El Dramático Escape: Balsas, Miedo y Resignación:

El relato del abandono del buque es estremecedor. La secuencia de eventos fue crítica: “Cuando me tiro mi balsa, no se abre, me tiro mi segunda balsa, se rompió, y me vuelvo a tirar para nadar 150 metros a una tercera balsa”. Esta última embarcación, una de las pocas que quedaban cerca, ya albergaba a 32 tripulantes, superando su capacidad, y entre ellos se encontraba el segundo comandante, Don Pedro Luis Galassi (quien aún vive). La tensión creció ante la inminente amenaza: “El barco nos está llevando al lecho, se está hundiendo, nos va a llevar a nosotros”, alertaron algunos. Intentaron remar para alejarse, pero las balsas semirredondas apenas les permitían girar sobre sí mismas. Ante la sugerencia de lanzarse nuevamente al agua helada, Novillo sintió que ya no podía más: “Yo ya no quería tirarme más, ya estaba remojado, muerto del frío, y ninguno se tiró de los 32”. En ese instante de aparente resignación, cerró los ojos: “Me acuerdo que cerré los ojos, y en 30 segundos imaginé una vida…”.

Testigo del Final del Coloso:

El momento de introspección fue interrumpido bruscamente. “Un compañero me golpea, me sacude y dice, ‘mira, mira'”. Al abrir los ojos, presenció la escena final: “Abajo de las balsas se estaba hundiendo el crucero Belgrano. Hizo un borbollón, y llevo algunas balsas que estaban pegadas al crucero… pero a nosotros no nos llevó”. Inmediatamente después, escucharon más explosiones. “Digo, ¿cómo puede ser? Y bueno, según lo he entendido, eran las calderas que explotaban, que tenían mucha temperatura”.

Ecos del Pasado en el Presente:

Las secuelas del Belgrano se extienden hasta el presente de formas inesperadas y a veces dolorosas. Novillo compartió una historia reciente: uno de los 32 compañeros de su balsa lo visitó en Pico tiempo atrás para agradecerle por algo ocurrido durante esos días a la deriva. Trágicamente, poco después de ese encuentro, “se fue a casa y murió por COVID”. Son, como él mismo dice, “cosas tristes de la vida, pero que nos tocó vivir a nosotros”.

El testimonio de Abel Novillo, 43 años después, sigue siendo una pieza fundamental para comprender la magnitud humana de la Guerra de Malvinas y del hundimiento del ARA General Belgrano. Su relato detallado, ofrecido con franqueza a INFOPICO RADIO 99.9, es un puente entre aquel 2 de mayo de 1982 y el presente, manteniendo viva la memoria de los 323 caídos y reflejando la compleja mezcla de emociones que acompaña a los sobrevivientes. Como él mismo concluye, la experiencia dejó “cosas lindas y feas”. Feas por la tragedia indeleble, pero también “lindas porque el orgullo que tenemos en su lado de vida”. Un orgullo y una memoria que General Pico comparte y respeta profundamente.