En el entorno de un encuentro singular de torristas, con el cielo como límite y las torres como protagonistas, las voces de los miembros de la organización sindical se alzan, tanto como los puntos de transmisión que reconfiguran. “Estamos muy contentos”, comienzan, destacando una mezcla de satisfacción y un propósito bien definido: llenar un vacío que las grandes corporaciones, como Telefónica, han dejado atrás.
Este abandono por parte de empresas de renombre no solo marca un desafío, sino también una oportunidad. “En el caso de Telefónica, por qué no decirlo con nombre y apellido, no ha hecho el trasvasamiento a los más jóvenes, de transferir los conocimientos para poder seguir con una actividad”, señala uno de los integrantes, subrayando la imperiosa necesidad de inculcar habilidades y conocimientos en nuevas generaciones de trabajadores.
Mientras los veteranos en la labor de mantenimiento y construcción de torres envejecen, es imperativo hacer un relevo generacional que mantenga viva y segura esta actividad. La geografía de acción de esta agrupación sindical es amplia, abarcando toda La Pampa y partes de la provincia de Buenos Aires, y sus integrantes provienen de localidades diversas, como General Pico, Santa Rosa y General Villegas.

En este panorama, las cooperativas y las pequeñas y medianas empresas (pymes) han sido las que, de alguna forma, han mantenido a flote la inversión y el interés en el sector, dándole una respiración continua a una actividad que sigue siendo fundamental y que, según ellos, “sigue teniendo muchas cosas por hacer”.
En un giro sorpresivo, y contra las normativas no escritas de la historia, “el protagonismo es la mujer”, se comenta con un aire de renovación y respeto hacia las trabajadoras que han tomado la batuta en este oficio. “Se ha dado esta oportunidad y la verdad que estamos más que felices y orgullosos de ver a ella cómo se desarrolla”, destaca el mismo vocero.
La labor de los torristas no es simplemente una ocupación, es una profesión de “alto riesgo” con una necesidad crítica de profesionalismo y destrezas específicas. Se encargan de diversas tareas: instalación de antenas, labores de rescate en altura y maniobras críticas que demandan un conocimiento experto y un control excepcional en entornos elevados y, muchas veces, peligrosos.
La experiencia y la práctica son los maestros supremos en este oficio, y la asociación, originada en Santa Fe, se ha convertido en un eje de formación y referencia. “Hace varios años que está formando personal en esta hermosa materia, en esta hermosa profesión que Dios nos dio que trabajó en altura”. A través de sus esfuerzos, no solo están forjando torristas competentes a nivel local, sino que también están exportando habilidades argentinas a nivel global. En 2021, 30 torristas fueron convocados para trabajar en Europa, en países como Alemania, Portugal, Bélgica e Irlanda, mientras que el año previo, 10 torristas se dirigieron a Estados Unidos.
La narrativa de estos profesionales es un recordatorio de que, pese al abandono y a los obstáculos, hay quienes persisten, crean oportunidades y, desde las alturas, miran hacia el futuro con una determinación de acero. En sus palabras, resuena un mensaje: el profesionalismo y la dedicación son claves. “Porque somos muy pocos los que realizamos esta tarea y muy importante”. Desde el cielo, ellos se aseguran de que las señales, y sus historias, sigan transmitiéndose.

