Loteos: un fenómeno en crecimiento

18 noviembre, 2019 a las 10:00

Las ciudades se expanden casi imperceptiblemente todos los días. Nuevas zonas son ocupadas, divididas, lotificadas y subdivididas. Surgen nuevos barrios, se abren caminos, se forestan loteos y la geografía cambia paulatina pero firmemente. 

La expansión del tejido urbano se viene dando en la última década a gran paso.  De a poco, van emergiendo nuevas zonas habitables en los 4 puntos cardinales de la ciudad  y el fenómeno se expande incluso a los pueblos más pequeños que ven ensanchados sus límites originales por renovadas construcciones que construyen un nuevo paisaje local. 

Los nuevos loteos ofrecen la posibilidad de vivir en un entorno natural, lo suficientemente cerca de la ciudad para aprovechar todos sus beneficios. Algunos se pegan a los límites urbanos, otros se ubican sobre los accesos más rápidos a la ciudad y algunos otros emergen a pocos kilómetros de distancia. 

Lo cierto es que dibujan nuevos paisajes y brindan oportunidades de negocios inmobiliarios distintos. Los residentes los eligen por el entorno natural y la oportunidad de diseñar desde el principio el estilo de vivienda que se quiere habitar, por la cantidad de metros que ofrecen y la relación precio-calidad que dentro de la ciudad es más difícil de conseguir. 

La tendencia no ha hecho otra cosa que aumentar con el paso de los años llevando a familias de diversas edades -pero sobre todo jóvenes- a pensar en la alternativa de residir en sectores periurbanos en busca de oportunidades económicas más accesibles, convivencia con la naturaleza o el sueño de un estilo de vida más pacífico y tranquilo. 

A la luz de esta realidad, desarrolladores y operadores inmobiliarios, además de propietarios de parcelas importantes no urbanizadas hasta el momento, han apostado por dar una respuesta a la demanda de lugares para construir viviendas en sectores más periféricos, pero que parecen satisfacer los indicadores de esta tendencia: mucho verde y paseos cercanos, instalaciones para la práctica deportiva y la posibilidad de compartir un barrio con vecinos que buscan el mismo estilo de vida para sus familias.

Además de las complicaciones de estacionamiento y cambios en las dinámicas urbanas de convivencia vecinal, parece que vivir “cerca del centro” ya no constituye un valor en sí mismo casi llegando al 2020. 

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