La vorágine de estos tiempos de ballotage presidencial, a puesto en el tapete una vez más la antaña discusión sobre el dilema entre la educación pública y la privada, como si la garantía de excelencia, fuera patrimonio de un solo modelo, cuando en realidad algunos hechos actuales demuestran que la incoherencia no reconoce modelos políticos, ni ideológicos.
Como es de público conocimiento una institución educativa del centro de la ciudad (que sus orígenes se remontan a la loable tarea de incluir a “los caritas sucias del otro lado de las vías” a través de los principios de Don Bosco; según palabras de una vieja y benemérita monja que supe conocer) se halla en proceso de elección de autoridades, para lo cual propone una serie de requisitos que se suponen actúan de indicadores de idoneidad espiritual y profesional. Pero lo llamativo de esto, es que uno de los requisitos sea una edad máxima de 45 años, con lo cual algunas educadoras que hace décadas se desempeñan en la institución verían cercenada la posibilidad de concursar por dicho cargo, privándolas del anhelo de terminar su trayectoria profesional dirigiendo aquella escuela que guarda en cada rincón de sus aulas parte de su vida como docente y como madre , ya que muchas han compartido la crianza de sus hijos bajo ese mismo techo. Si bien sabemos que las instituciones educativas privadas tienen sus propios regímenes y reglamentos …¿puede la edad ser un claro indicador de idoneidad….o será que para estos directivos la capacidad intelectual de un docente tiene fecha de vencimiento?
El catolicismo, de la mano de nuestro Papa criollo, se ha encaminado hacia cambios impensables hace algún tiempo atrás, aunque a veces me da la sensación de que la distancia entre nuestra ciudad y Roma se mantiene inalterable a los cambios tecnológicos e ideológicos, cuando en realidad solo se trata de sentido común.
FORNERÓN DANIEL DNI 16958597 PROFESOR DE GEOGRAFIA