MENOS JAULAS   – Columna de aves de La Pampa – Cuervillo cara pelada ( Phimosus infuscatus )

11 octubre, 2026 a las 10:00

Por Margarita Cervio

Un sábado para mirar el cielo

El sábado 10 de octubre, celebramos el October Big Day, una jornada mundial de observación de aves en la que miles de personas salen a descubrir, identificar y registrar las especies que habitan a nuestro alrededor.

Y tuve el honor de compartir jornada con los pequeños pajareritos del grupo de la Fundación Payda, con quienes compartimos una hermosa mañana en la Reserva Natural Urbana Benicio Delfín Pérez.

Hay algo que me emociona profundamente: pensar que un sábado, a las siete de la mañana, mientras buena parte de la ciudad todavía dormía en una mañana nublada y por momento lluviosa, haya chicos que eligen estar en la Reserva observando aves.

Porque observar aves durante la infancia es mucho más que aprender nombres de especies. Es ejercitar la paciencia, agudizar los sentidos, aprender a escuchar, hacerse preguntas y descubrir que la naturaleza está llena de historias esperando ser encontradas.

Y, sobre todo, es empezar a construir un vínculo con aquello que algún día tendrán la responsabilidad de cuidar.

No sé cuántas aves habrán quedado registradas en sus libretas, pero estoy segura de que se llevaron mucho más que una lista de especies.

Quizás, dentro de algunos años, no recuerden todos los nombres de las aves que vimos. Pero ojalá recuerden lo que sintieron al descubrirlas.

Porque nadie puede querer lo que no conoce, y pocas cosas me hacen tan feliz como ver que una nueva generación está aprendiendo a mirar.

Y volvamos a nuestra ave semanal, sin dudarlo el protagonista fue el cuervillo cara pelada (Phimosus infuscatus)

Me lo encontré varias veces en medio del camino, caminando con una serenidad envidiable, como si nada pudiera alterar su paseo.

¿Cómo reconocerlo?

Mide 50 cm, a primera vista es fácil confundirlo con el cuervillo de cañada. Ambos tienen el plumaje oscuro, aunque, si la luz les da de determinada manera, aparecen reflejos verdes.

Pero el cuervillo cara pelada tiene una característica inconfundible: su rostro desnudo, sin plumas, de tonalidad rosaceo.

Y hay otro detalle que resulta muy útil para diferenciarlos, especialmente cuando vuelan: en el cuervillo cara pelada las patas no sobrepasan cola, mientras que en el cuervillo de cañada la superan ampliamente.

No presenta dimorfismo sexual y los ejemplares juveniles son completamente negros, incluidos picos, patas y zona desnuda de la cara.

Una pista para quienes disfrutan mirar un poquito más.

Ese pico largo y curvado no está ahí por casualidad, es una herramienta extraordinaria que utiliza para explorar el barro y las aguas poco profundas, buscando lombrices, peces pequeños, crustáceos, insectos acuáticos, moluscos y otros animales pequeños, además de granos y hojas de los que se alimenta.

Y hay algo más: aunque podemos encontrarlo solo o en pequeños grupos, también suele compartir bandadas con cuervillos de cañada. Dos especies parecidas, compartiendo el mismo espacio, pero con diferencias que se vuelven evidentes cuando aprendemos a observarlas.

Por acá, en General Pico, no es tan frecuente verlo como al cuervillo de cañada. Al menos en mis recorridas, suele aparecer en grupos mucho más pequeños. ¡Encontrarme con cinco juntos ya es todo un acontecimiento!

Pero hay una historia de este cuervillo que siempre me causa gracia.

Durante los veranos de sequía suelo recibir fotografías acompañadas de la misma pregunta:

«¿Qué pájaro es este que apareció en mi pileta? Es raro y feo»

Y sí, son ellos y para mi no son feos.  ¿Ustedes que dicen?

Cuando el agua escasea, no tienen ningún inconveniente en visitar piletas ajenas y pasearse con una naturalidad extraordinaria, como si estuvieran recorriendo el patio de su propia casa. ¡Incluso en pleno centro de General Pico!

Y ahí es donde aparece una de las cosas que más me gustan de observar aves: descubrir que la naturaleza no siempre está donde esperamos encontrarla.

A veces está en una laguna, en un humedal, al costado de un camino… y otras veces está caminando tranquilamente alrededor de nuestra pileta.

Esta semana les propongo algo:

La próxima vez que se crucen con un cuervillo, no se queden solamente con su apariencia. Observen cómo camina, cómo utiliza su pico, con quiénes anda y, si levanta vuelo, miren hasta dónde llegan sus patas.

Porque aprender a reconocer un ave es mucho más que saber su nombre. Es empezar a descubrir su manera de vivir.

Y ahora les pregunto:

¿Alguna vez apareció un visitante inesperado en su patio o en su pileta?

Que terminen bien el fin de semana . Nos vemos el próximo fin de semana, con menos jaulas y más aves por compartir.

¡Nos leemos!

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