Faltan casi menos de un año para que La Pampa vuelva a votar, pero el partido ya arrancó. No se juega todavía con candidatos —eso, admiten los propios protagonistas, recién se destapa en diciembre— sino con algo más elemental y determinante: quién se sienta con quién en la mesa de 2027. Y en esa primera mano, la oposición viene mostrando las cartas boca arriba mientras el peronismo, fiel a su estilo, las juega pegadas al pecho.
LLA arma un Frankenstein político (y no es un insulto)
La Libertad Avanza La Pampa está haciendo lo que en política se conoce como pesca de arrastre: no busca competir sola, busca sumar todo lo que flote a su alrededor. Selló el acuerdo con Comunidad Organizada, lo blanqueó con fotos durante el lanzamiento de su Escuela de Formación Política, y de yapa oficializó el pacto con el Movimiento Federalista Pampeano. Como si fuera poco, Ravier tiene la agenda abierta con el PRO, el MID y la UCR.
El resultado, si prospera, es una especie de Frankenstein político: un frente cosido con pedazos de identidades distintas —libertarios, republicanos, federalistas, radicales sueltos— unidos no por el ADN sino por un objetivo común, bajarle el precio al PJ. Funciona mientras el enemigo afuera sea más grande que las diferencias adentro. El problema de los Frankenstein, como bien sabe cualquiera que haya visto la película, es que suelen funcionar perfecto hasta que un día se rebelan contra su creador.
La UCR ya tiene nombre propio: Martín Berhongaray va por un frente grande
La UCR pampeana blanqueó lo que en los pasillos se venía murmurando hace rato: Martín Berhongaray será su candidato. Y la apuesta no se queda ahí adentro del radicalismo: el objetivo confeso es armar una gran alianza que incluya a LLA y a otros espacios opositores, con Berhongaray como cabeza visible del frente.
El dato que le agrega condimento al armado es un trascendido que circuló en los últimos días: se manejó la versión de que Karina Milei habría visto con buenos ojos que sea el radical quien termine encabezando el frente opositor a nivel provincial. Es un rumor, todavía sin confirmación oficial de ningún lado, pero que —si se confirma— cambia por completo el tablero: significaría que el propio mileísmo nacional estaría dispuesto a correrse de la candidatura propia en La Pampa para bancar a un tercero.
Fuerza Pampa: el peronismo que se muda de casa sin cambiar de apellido
Del otro lado del tablero —o más bien, en un costado incómodo para el propio PJ— aparece Fuerza Pampa. Manuel Feito y el círculo de Luciano di Nápoli ya lograron el visto bueno judicial y salieron con los principios bajo el brazo: peronistas de cuna, pero con ganas de pintar la casa de otro color. Se abrazan a las banderas históricas —el Atuel, el subsuelo, las cuencas como patrimonio provincial— pero piden algo que en el PJ pampeano suena casi herético: que la estructura se abra y que cualquier afiliado pueda competir por un lugar.
Es la clásica jugada del que no quiere romper el mueble, pero tampoco quiere seguir sentado en la misma silla incómoda. Y en un peronismo con la interna caliente, Fuerza Pampa puede terminar siendo la válvula de escape: el lugar adónde va el voto peronista que está enojado con la conducción, pero que todavía no está dispuesto a cruzar la vereda.
El PJ, jugando al truco con las cartas pegadas al pecho
Mientras tanto, el peronismo sigue discutiendo puertas adentro cómo bajar la persiana de sus propias diferencias. Curciarello le bajó el dramatismo: dice que la interna “agota” pero que es parte del folklore de todo año electoral. El propio gobernador ya puso la frase sobre la mesa —unidad por consenso o unidad por interna— como quien dice: “hay más de un camino a Roma, elijan uno, pero elíjanlo rápido”.
El que sí prendió la luz de alarma fue Jorge Lezcano, y con una imagen que no necesita traducción: cuando la dirigencia deja de escuchar, se cocina el enojo. Y el enojo, en la urna, tiene dos salidas: el voto castigo o, todavía peor, la indiferencia del que ni siquiera se toma el trabajo de enojarse, directamente se va. Es la diferencia entre una pareja que discute a los gritos y una que directamente deja de hablarse. La segunda es mucho más difícil de reconstruir.
El reloj no espera a nadie
Si el cronograma de 2023 se repite, en mayo de 2027 La Pampa vuelve a votar. Puede sonar lejano, pero en términos de armado político el tiempo ya empezó a correr en contra. LLA ya mostró con quién juega. Fuerza Pampa ya mostró qué bandera lleva. El peronismo, en cambio, sigue en la etapa de “consenso o interna”, que traducido al llano significa: todavía no lo sabemos.
La foto de Ravier con Comunidad Organizada y el Movimiento Federalista Pampeano no es solo una foto: es la primera jugada fuerte de un tablero que recién arranca. La pregunta que le queda picando al peronismo pampeano es si va a responder con la misma velocidad, o si va a llegar a 2027 todavía discutiendo las reglas del juego mientras el resto de la mesa ya repartió las cartas.




