Un mapeo realizado en enero en 23 barrios entrevistó a casi 500 jóvenes de entre 15 y 26 años. Lo que encontraron no fue apatía ni desinterés: fue una generación sostenida en el aire, sin piso firme donde apoyarse.
En enero, mientras la ciudad entraba de lleno en el verano, quince jóvenes capacitados recorrieron 23 de los 24 barrios de General Pico con una tarea concreta: escuchar. No medir opiniones. No aplicar encuestas. Escuchar. En tres semanas —y en su mayoría de noche, que es cuando los jóvenes realmente están en la calle— completaron 203 entrevistas que alcanzaron a 489 personas de entre 15 y 26 años.
El resultado es el Mapeo de Juventudes 2026 de la Dirección de Juventud de la Municipalidad, y lo que revela no es lo que el sentido común suele decir de los jóvenes.
En números
- 489 jóvenes entrevistados, de entre 15 y 26 años
- 23 de los 24 barrios de la ciudad
- 15 jóvenes a cargo del trabajo de campo
- 65,5% de las entrevistas fueron nocturnas
- 59% mujeres · 41% hombres
- 3 semanas de relevamiento territorial
No es apatía. Es inestabilidad.
El informe lo dice con claridad: la juventud piquense no está desinteresada ni inactiva. Está en transición permanente. Estudia, pero no puede sostener trayectorias largas. Trabaja, pero sin estabilidad. Se vincula con otros, pero sin espacios institucionales que los alojen. Busca ayuda, pero sin saber bien dónde encontrarla.
El diagnóstico central que emerge del mapeo es que educación, trabajo, tiempo libre y bienestar emocional no son problemas separados. Son partes de un mismo nudo: la dificultad de construir autonomía cuando el contexto no da señales claras ni pisos seguros.
El trabajo, la obsesión que no se ve
Si hay una preocupación que atraviesa todas las edades y todos los barrios relevados, es el trabajo. No en abstracto, sino en lo concreto y urgente: conseguir el primero. El informe describe con precisión el círculo vicioso que enfrentan: para tener trabajo necesitás experiencia, pero para tener experiencia necesitás haber tenido trabajo. A eso se suma que el acceso al empleo está mediado por contactos —quién te conoce, quién te recomienda— lo que cierra aún más las puertas para quienes no tienen esa red.
El resultado son las changas: trabajo discontinuo, sin estabilidad, sin posibilidad de proyectar. Y sin proyección laboral, todo lo demás se derrumba.
La trampa de la vivienda que nadie ve venir
Uno de los hallazgos más reveladores del mapeo —y quizás el menos obvio— es el de la vivienda. El problema no es que los alquileres sean inaccesibles. El problema es anterior: los jóvenes no llegan a plantearse siquiera la posibilidad de alquilar, porque nunca logran estabilizar sus ingresos lo suficiente como para dar ese paso.
El efecto concreto es la permanencia forzada en el hogar familiar, muchas veces en condiciones conflictivas, y una ansiedad sostenida por no poder avanzar. No es una decisión de quedarse. Es la imposibilidad de irse.
“No piden entretenimiento, piden lugares donde sentirse alojados”
La frase es del propio informe y vale como síntesis de lo que el mapeo encontró en materia de tiempo libre. Los jóvenes piquenses no piden más actividades ni más propuestas recreativas. Piden espacios seguros, gratuitos y cercanos donde estar. La permanencia en el espacio público —especialmente en el centro de la ciudad— no es vagancia: es una forma de pertenencia cuando no hay otro lugar disponible.
El dato del 65,5% de entrevistas realizadas de noche no es menor: habla de dónde transcurre efectivamente la vida de estos jóvenes, en qué horarios y en qué espacios.
El malestar emocional como síntoma, no como causa
El informe también releva la dimensión emocional y lo hace con una distinción importante: la ansiedad por el futuro, la sensación de ser juzgados, la tendencia al aislamiento que expresan muchos jóvenes no es un problema individual de cada uno. Es un síntoma estructural. No están mal porque algo les pasa a ellos; están mal porque el contexto no ofrece condiciones para estar bien.
Esa lectura cambia la forma en que deberían pensarse las respuestas institucionales.
Lo que piden (y lo que no)
Con tanta preocupación acumulada, ¿qué demandan estos jóvenes? El mapeo es específico: no piden subsidios ni asistencia directa. Piden mediaciones para poder avanzar. Orientación para tomar decisiones. Una primera oportunidad laboral concreta. Información clara y centralizada sobre qué hay disponible. Espacios donde sentirse parte de algo. Acompañamiento en la transición hacia la adultez.
Es decir: no piden que les resuelvan la vida. Piden que alguien les señale el camino.
Qué propone el informe
La Dirección de Juventud sintetiza la orientación de políticas para 2026 en tres verbos: orientar, conectar y sostener. Acompañar decisiones educativas y laborales, tender puentes con el empleo y la formación, y garantizar espacios permanentes de escucha y pertenencia. El objetivo declarado es transformar estrategias individuales en trayectorias posibles.
La conclusión del informe es también la más contundente: entre el querer y el poder existe un vacío institucional. Y ese vacío es lo que la política pública tiene la obligación de ocupar.



