El caudal del río Quinto experimentó un crecimiento vertiginoso en las últimas semanas, encendiendo las alarmas en el noreste provincial y obligando a una rápida articulación entre La Pampa y Buenos Aires. El secretario de Recursos Hídricos de la provincia, José Gobbi, detalló la situación actual, los trabajos realizados en el límite interprovincial y advirtió sobre un cambio de ciclo climático en la región.
“Es como si uno larga agua sobre una mesa”
Tras un largo período de bajante extrema, el panorama hídrico dio un giro drástico a fines del año pasado. Las intensas tormentas en las sierras de San Luis llenaron los embalses puntanos y cordobeses. Ante las últimas precipitaciones convectivas, las autoridades abrieron las compuertas, lo que multiplicó rápidamente el agua que ingresa a territorio pampeano.
“En el lapso de una semana pasamos de los 2,5 metros que estaban entrando por la Ruta 188 a unos 7 metros, un incremento significativo”, precisó Gobbi. Para graficar el comportamiento de este río de llanura y cuenca endorreica, el funcionario utilizó una imagen contundente:
“Se mueve en forma lenta y oscilante. Al ser una zona plana, cualquier aumento de caudal genera inundaciones a los costados. Es como si uno larga agua sobre una mesa: el volumen de agua no necesariamente es mucho, pero moja bastante”.
El riesgo en el Meridiano Quinto y el acuerdo bonaerense
El cauce natural del río ingresa por el noreste pampeano y busca salida hacia las lagunas de las Encadenadas, en Buenos Aires, atravesando el vital camino del Meridiano Quinto. Allí, la batería de tubos norte colapsó ante la crecida, generando un embalse del lado pampeano que amenazaba con inundar los campos locales y cortar la ruta.
La diferencia entre el pelo de agua pampeano y el bonaerense llegó a rozar el metro ochenta, quedando a escasos 15 centímetros de sobrepasar el camino. “Si cortaba esa pared de tierra, la irrupción de agua del lado bonaerense era inmediata. Se lleva puesto todo, hace un desastre”, advirtió el secretario, definiendo la urgencia como una situación de pérdida total para ambas provincias.
Frente a este riesgo, primó el diálogo. Gobbi negoció con su par bonaerense, Néstor Álvarez, la colocación de tubos adicionales para descomprimir el sector. Las obras se concretaron recientemente tras una pausa obligada por lluvias de 150 milímetros que impedían el ingreso de maquinaria pesada. Además, se logró un acuerdo a largo plazo: reemplazarán la actual batería por una alcantarilla definitiva, obra que se ejecutará cuando el caudal baje y permita trabajar en una especie de “dique seco”.
La esponja llena y los “platitos” del norte provincial
Consultado sobre la situación de los campos anegados en la zona de Intendente Alvear, Gobbi aclaró que el río Quinto no es el único factor. La Pampa oscila naturalmente entre sequías y excesos hídricos. Cuando llueve intensamente en toda la región, el suelo colapsa.
“Pensemos en una esponja. Cuando se llenó completamente, empieza a derramar. Si vas de norte a sur, tenés toda una serie de bajos que podemos pensar como si fuesen platitos. Esos platitos se empiezan a llenar, y como es una cuenca arreica, el agua no tiene salida a ningún lado”
, explicó con tono didáctico.
Finalmente, el titular de Recursos Hídricos anticipó que la provincia está entrando en un ciclo húmedo, lo que exige cambiar la mentalidad productiva y de infraestructura. “Nos tenemos que preparar. Tener los canales y alcantarillas limpias, hacer rotación de agricultura para romper el piso de siembra y que el agua infiltre. No vale tirarle el agua al vecino, es la situación que nos toca y hay que afrontarla”, concluyó.



