El hombre recibió una pena de seis meses de prisión en suspenso. La Justicia comprobó que, tras una discusión familiar, el agresor bajó al menor de un auto a la fuerza, le estrelló la cabeza contra el piso y lo pateó.
Un brutal episodio de violencia intrafamiliar llegó a su fin en los tribunales de General Pico con la condena de un hombre de 42 años, oriundo de Intendente Alvear, a la pena de seis meses de prisión de ejecución condicional. El sujeto fue hallado culpable del delito de “lesiones leves agravadas por el vínculo” tras darle una severa golpiza a su propio hijo, de 15 años de edad.
El repudiable hecho ocurrió la tarde del 29 de julio de 2024. Según quedó acreditado durante el debate oral, la escalada de violencia comenzó luego de que el adolescente protagonizara una fuerte discusión con su madrastra respecto al uso del teléfono celular. Cuando el padre llegó a la vivienda familiar tras ser alertado de la situación, encontró a su hijo dentro del vehículo familiar. Lejos de apaciguar los ánimos, el hombre reaccionó con furia desmedida: lo tomó violentamente de la campera, lo bajó del auto por la fuerza y, agarrándolo de los pelos, estrelló su cabeza contra el suelo.
No conforme con esto, y según constató la Justicia, el agresor arrastró al adolescente hasta el interior de la vivienda donde continuó castigándolo con patadas en las costillas y los muslos, provocándole hematomas comprobados por médicos del hospital local.
El desgarrador relato en Cámara Gesell
Una de las pruebas fundamentales del juicio fue el testimonio del menor, brindado a través del sistema de Cámara Gesell. Las pericias psicológicas forenses remarcaron la claridad y el dolor en el relato del chico, quien no solo fue víctima de este feroz ataque físico, sino que venía padeciendo un historial sostenido de maltrato emocional. “Lo que se me venía era bravo”, confesó el adolescente a los profesionales, presagiando la golpiza. El menor también verbalizó sentir un profundo desamparo y que su padre “no lo quería”.
Durante el proceso, la defensa del acusado intentó minimizar la agresión asegurando que solo le había dado “dos cachetadas” y sugirió que los hematomas provenían de prácticas deportivas. Sin embargo, el juez desestimó de plano esta versión, respaldándose en los certificados médicos, las pericias psicológicas integrales y la contundencia de las pruebas aportadas por la fiscalía.
La sentencia
Además de la condena a prisión en suspenso impuesta por el juez, el agresor deberá cumplir reglas de conducta estrictas durante los próximos dos años. Entre ellas, la Justicia dictó una prohibición absoluta de acercamiento y contacto con el adolescente —salvo lo estrictamente necesario para cumplir sus obligaciones parentales— y lo intimó a someterse a un tratamiento psicológico enfocado en erradicar sus conductas violentas.



