Desde General Pico hacia los centros de investigación más prestigiosos del mundo, la trayectoria de Ángel Sappa es un motivo de orgullo para La Pampa. Egresado como ingeniero electromecánico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Pampa y con un doctorado en Ingeniería Industrial por la Universidad Politécnica de Cataluña, Sappa ha sido reconocido por tercer año consecutivo por la Universidad de Stanford como uno de los científicos más citados a nivel global, ubicándose en el selecto 2% superior.
En pocas líneas
- Ángel Sappa, ingeniero pampeano egresado de la UNLPam y doctorado en España, es reconocido por Stanford entre el 2% de los científicos más citados globalmente por tercer año consecutivo.
- Sappa se especializa en visión por computador y procesamiento de imágenes multiespectrales, con aplicaciones en conducción autónoma, análisis de imágenes satelitales para energía solar y endoscopias automatizadas.
- Sappa destaca la importancia del acceso al hardware (GPUs) para la investigación en Argentina, comparándolo con la inversión en infraestructura de Brasil y Chile.
- Sappa alienta a los jóvenes a seguir su vocación en tecnología y a adaptarse a la rápida evolución del campo, como la influencia de la IA en la programación.
En una entrevista con INFOPICO RADIO 99.9, Sappa, quien actualmente reside en Guayaquil, Ecuador, desde 2015, pero mantiene su plaza en el Centro de Visión por Computador en Barcelona, compartió los detalles de su trabajo y la reciente distinción. “Me enteré porque en los centros donde trabajo se encargan de revisar estos indicadores, ya que para la institución también representa un logro. Me contactaron para indicarme que estaba incluido en la lista de 2024”, comentó el investigador.
Imágenes que el ojo humano no puede ver
El campo de especialización de Sappa es la visión por computador y el procesamiento de imágenes, una disciplina que ha evolucionado a pasos agigantados. “Yo lo que hago es procesamiento de todo tipo de imágenes, en mi caso multiespectrales, que van más allá del espectro visible, como las imágenes térmicas que el ojo humano no tiene capacidad de percibir”, explicó.
Su trabajo tiene aplicaciones que hasta hace poco parecían de ciencia ficción. Desde el año 2003, en Barcelona, formó parte de un grupo de asistencia a la conducción, desarrollando la tecnología que hoy permite a los vehículos tener múltiples cámaras que monitorean tanto el interior como el exterior para corregir la trayectoria o detectar obstáculos. “En el centro de Barcelona somos 200 investigadores trabajando en procesamiento de imágenes, desde satelitales hasta médicas o de videovigilancia”, detalló.
Sappa destacó que desde hace una década, la inteligencia artificial, o como él prefiere llamarlo, el “aprendizaje profundo”, ha mejorado considerablemente los resultados. Puso como ejemplo un proyecto actual con imágenes satelitales para monitorear nubes en España. “En función del movimiento de esas nubes, ya se sabe que dentro de tres o cuatro horas tal granja solar va a salir de producción. Esto permite anticipar y poner en marcha una central termoeléctrica para suplir esa energía”.
Otro avance revolucionario se da en la medicina, con el desarrollo de píldoras que contienen una cámara para realizar endoscopias. “La idea es automatizar el análisis de las cuatro horas de video que graba la píldora, para que el experto solo mire los tramos donde hay algo sospechoso. Esto masifica una actividad que antes requería mucho tiempo de un especialista”, afirmó Sappa.
El desafío del hardware en Argentina
Al ser consultado sobre el estado de la investigación en Argentina, Sappa señaló un punto crítico: el acceso al hardware. “Quien más hardware tiene hoy en día, en tema de imágenes, mayor diferencia puede hacer”, sostuvo. Explicó que para entrenar los algoritmos de aprendizaje profundo se necesitan grandes cantidades de datos y potentes procesadores (GPUs) que se encuentran en grandes servidores.
“Por ahí hay colegas de la UBA que tenían un recurso limitado en cuanto al acceso a hardware. Esa es una limitación”, comentó, contrastando la situación con países como Brasil y Chile, que están realizando fuertes inversiones en infraestructura tecnológica. No obstante, reconoció que “a veces en las limitaciones aparecen las oportunidades, porque uno hace cosas más eficientes con el poco hardware que tiene”.
Un futuro de vocación y adaptación
Para Sappa, el campo de la inteligencia artificial “no tiene techo” y avanza en todos los ámbitos de la vida. Desde los algoritmos de compresión que usamos en una videollamada hasta los modelos de lenguaje que redactan textos automáticamente.
Finalmente, dejó un mensaje para los jóvenes que están por elegir una carrera y se sienten atraídos por la tecnología: “El tema es seguir la vocación. Si esto es lo que les gusta, adelante. Y estar abierto en el camino a ir adquiriendo nuevas habilidades, porque todo va muy rápido”. Como ejemplo, mencionó cómo los asistentes de codificación han transformado la programación, permitiendo crear en media hora lo que antes llevaba días de trabajo.



