Este 14 de junio se conmemora en todo el país el Día Nacional del Barrendero y la Barrendera. En este marco, un vecino de General Pico, Alejandro “Chano” Avalos, compartió con INFOPICO un poema de su autoría para visibilizar y honrar la labor esencial de estos trabajadores.
En cada rincón de Argentina, este 14 de junio se celebra el Día Nacional del Barrendero, una fecha instituida para reconocer el esfuerzo diario de quienes se encargan de mantener la limpieza y el orden en nuestras calles. Se trata de una labor fundamental que, sin embargo, a menudo pasa desapercibida para gran parte de la sociedad.
La elección de esta fecha tiene un profundo significado histórico y social. Fue en 2014 cuando el Senado de la Nación aprobó la ley que establece este día en conmemoración de Mauricio Silva, un sacerdote que también trabajaba como barrendero en el barrio porteño de Villa Devoto. Silva fue secuestrado y desaparecido el 14 de junio de 1977, durante la última dictadura cívico-militar, convirtiéndose en un símbolo de la lucha y el compromiso social.
Conmovido por esta jornada y con el objetivo de homenajear a quienes realizan esta tarea, el vecino piquense Alejandro “Chano” Avalos se comunicó con la redacción de Infopico para compartir un poema de su creación. “Hoy es un día importante para un sector de trabajadores invisibilizados por parte de la sociedad, este que te comparto es un poema de mi autoría en recibimiento al barrendero, ojalá pudiera usted publicarlo”, expresó en su mensaje.
A continuación, compartimos el poema completo:
“Escobillones y borcegos”
En cada calle de la ciudad,
donde el asfalto se desgasta con el tiempo,
los barrenderos caminan en silencio,
sus escobillones trazan sueños de hojas, tierra y viento .
Hombres y mujeres, sombras anónimas,
barridos por la rutina y la indiferencia,
despejan los restos de nuestra existencia,
sin esperar aplausos ni reconocimientos.
Sus manos, ásperas marcadas,
son las guardianas de la limpieza,
sus ojos, testigos mudos,
de las historias que las calles les cuentan.
No hay poesía en sus gestos,
solo la danza monótona de las cerdas,
y el redoblar de sus borcegos,
su misión es un verso sin rimas,
mezcla de risas y lamentos.
Al cruzarlos, en ese momento,
miremos más allá de la basura
y veamos en ellos la dignidad y
perseverancia, en eso son un ejemplo.
Barrenderos, invisibles y esenciales,
bajo el sol ardiente o la lluvia fría,
gracias por su sacrificio,
y por dejar cada día nuestras calles un poco más limpias.
Alejandro “Chano” Avalos, General Pico
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