En plena ciudad, entre el cemento y los autos, crece un pequeño milagro verde que pocos conocen pero muchos pisan sin saber: el falso guayabo. Este arbusto, también conocido científicamente como Acca sellowiana (comúnmente confundido con “Acasejoana”), florece durante el verano y ofrece sus frutos en el otoño, justo cuando empieza a refrescar.
Jimena Asquini, columnista habitual de INFOPICO RADIO 99.9, compartió en su última participación una reflexión apasionada y reveladora sobre esta planta que abunda en General Pico y en gran parte de las plazas pampeanas. “Es increíble que no se consuma más”, señaló, mientras mostraba una foto tomada recientemente entre las calles 33 y 35 sobre Avenida San Martín. Ese boulevard, explicó, está lleno de estos arbustos cargados de frutos listos para cosechar.
El fruto del falso guayabo es pequeño, de color verde por fuera y pulpa blanca por dentro, con semillas negras, muy similar al kiwi en su apariencia, aunque más dulce y menos ácido. “Tiene una cantidad enorme de vitamina C, comparable al kiwi o a la naranja”, detalló Asquini, destacando su valor nutricional. La cáscara no es comestible por su dureza, pero el interior es perfecto para comer con cuchara, hacer mermeladas o simplemente disfrutar como postre natural.
Durante años, la municipalidad solía podar los arbustos antes de que florecieran, impidiendo que dieran fruto. Pero eso cambió. “Por suerte dejaron de podarlas y ahora podemos verlas llenas de fruta”, celebró Asquini. Hoy en día, el espectáculo de las veredas cubiertas por estos frutos maduros es común, aunque pocos se animan a probarlos.
“Es una pena que no se consuma”, lamentó, subrayando que muchas plantas ornamentales tienen un potencial alimenticio que se ignora por puro desconocimiento. “Si ve a alguien con una bolsita recolectando estos frutos, no lo juzgue. Se está llevando a casa un postre rico, nutritivo… y gratis”, agregó con humor.
Este tipo de redescubrimiento urbano invita a repensar nuestra relación con el entorno. ¿Cuántas otras plantas podrían alimentar y nutrir a la comunidad si tan solo supiéramos qué hay a nuestro alrededor?
El falso guayabo está ahí, en nuestras plazas, esperando que alguien lo note. Quizás sea tiempo de dejar de ignorar los frutos que da la ciudad.





