La Fundación LSA de General Pico cerrará su año de actividades con una pollada solidaria que se hará el domingo 8 de noviembre en calle 10 y 47. La entidad, que dicta cursos de lengua de señas desde 2022, busca cubrir los últimos gastos de 2026. Su referente, Nivia Sureda, contó en InfoPico Radio cómo se sostiene el trabajo y cuáles son las deudas pendientes en la provincia.
Una pollada para llegar a fin de año
La actividad se realizará en conjunto con el Grupo Los Materos, en el predio de una escuela de equitación ubicada en calle 10 y 47, pasando la Ruta 1. La entrega de los pollos comenzará a las 12:30.
Quienes quieran colaborar pueden comunicarse al 2302 458534. «Estamos llevando los tickets a domicilio, todo lo que necesiten lo estamos haciendo», explicó Sureda.
El objetivo es concreto: terminar de pagar lo que resta del ciclo lectivo y dejar algo de resto para arrancar 2027. «Estamos con la pollada para poder finalizar los últimos gastos del año, del año que estamos llegando a diciembre con una gran lucha», resumió la referente.
Cómo funcionan los cursos y cuántos niveles hay
La fundación dicta clases en el Hotel Pico, con encuentros de una hora semanal y distintos horarios disponibles. El ciclo que está terminando comenzó en agosto y se extiende hasta diciembre; las nuevas inscripciones se abrirán en febrero de 2027 para empezar a cursar en marzo.
Sureda insistió en una idea que suele pasarse por alto: la lengua de señas es un idioma, equiparable al inglés. El trayecto formativo está dividido en seis niveles, que la institución agrupa en tres etapas de 10 meses cada una:
- Nivel básico (A1 y A2), con certificación al finalizar.
- Segunda etapa (B1 y B2).
- Tercera etapa (C1 y C2), que completa el recorrido.
«Cada uno va haciendo a medida que puede. También puede parar un año y volverlo a recomenzar, y nosotros lo retomamos desde el momento que dejó. No tiene que volver a hacer todo otra vez», aclaró.
El cuello de botella: faltan docentes sordos e intérpretes
Consultada sobre la posibilidad de que la lengua de señas se dicte en las escuelas, la respuesta fue directa: están peleando por eso, pero el obstáculo es la falta de formadores. La normativa establece que quien imparte la lengua de señas debe ser una persona sorda y debidamente capacitada.
Hoy la fundación cuenta con dos docentes en toda la provincia: Alejandro, en General Pico, y Yanina, en Santa Rosa. El profesorado se abrió una sola vez, hace cuatro o cinco años, y no volvió a dictarse. La Confederación Argentina de Sordos capacitó durante un tiempo, pero esa instancia también se discontinuó.
El panorama es todavía más complejo con los intérpretes, una formación que se cursa en la Universidad de Buenos Aires.
«En este momento nosotros en La Pampa no tenemos intérprete de lengua de señas, es una falencia insostenible. La gente que estuvo en Buenos Aires está llena, pero no se quiere venir al interior, ese es el problema»
Como respuesta, la fundación está acompañando a dos o tres adolescentes que se perfilan para estudiar la carrera de intérprete.
«De la provincia, nada»
El sostenimiento económico es a pulmón. La cuota de los alumnos incluye el material de estudio —videos y PDF— y con eso se cubren el alquiler del espacio, los honorarios y la bibliografía. De ahí la necesidad de las rifas y las polladas.
Sureda fue tajante al hablar de los apoyos: la fundación no recibe asistencia del Gobierno provincial. Mencionó aportes esporádicos de diputados, del orden de los 100.000 pesos, que implican presentar notas a los 35 o 36 legisladores y viajar a Santa Rosa. Desde la Municipalidad, en cambio, obtuvieron respuestas puntuales una o dos veces al año para comprar una pantalla o una impresora.
La entidad forma parte de la Red PAN y otorga puntaje docente. Sin embargo, el perfil de los alumnos cambió en los últimos años: se acercan empleados de comercio, médicos, enfermeros y terapistas, mientras que la presencia de docentes mermó.
«No es difícil»: el mensaje para quienes dudan
Ante la pregunta de si cuesta aprender el idioma a edad adulta, la respuesta fue categórica. «No es difícil. Tenemos mucha gente jubilada que tiene ganas de hacer algo y también lo hace», señaló.
En cada clase, media hora se destina a la explicación teórica y media hora a la práctica, que después se refuerza en casa con los videos. «Yo me admiro de cómo aprende la gente, pero siempre responsablemente, no faltando», agregó.
El cierre fue un pedido a la comunidad piquense: «Necesitamos de todos los piquenses que nos compren pollo para poder hacer una buena pollada, que ya es la última de 2026. Con esto tenemos que terminar de acomodar las cosas para empezar el año que viene con toda la fuerza».
