«Que no nos paralice el miedo»: el mensaje de una tocoginecóloga en el mes de la lucha contra el cáncer de mama

24 octubre, 2026 a las 18:00

El cáncer de mama es uno de los tumores más frecuentes en la mujer y una de las principales causas de muerte, pero también uno de los que tiene mayores índices de curación cuando se detecta a tiempo. Así lo planteó la médica tocoginecóloga Alejandra Pérez en diálogo con InfoPico Radio, en el marco del mes dedicado a la concientización sobre esta patología. Su mensaje final fue directo: el miedo no puede ser una excusa para postergar el control.

El control anual, la base de todo

La especialista explicó que la detección temprana cambia por completo el pronóstico. «Gracias a Dios es uno de los tumores que, diagnosticados a tiempo, se curan. Hay muchos recursos terapéuticos para esta patología», señaló.

En esa línea, insistió en la importancia de la consulta ginecológica una vez por año, que incluye Papanicolaou, colposcopía, ecografía transvaginal y examen mamario. A partir de los 35 años se suma la mamografía como estudio clave.

En pacientes más jóvenes, en cambio, se prioriza la ecografía. «La paciente joven tiene mamas muy densas, entonces mamográficamente aparecen muy blancas y no podemos ver bien la trama», detalló Pérez, quien aclaró que la mamografía es un estudio estático —una radiografía de las mamas— mientras que la ecografía es dinámico y depende del operador.

Desde la prepubertad hasta después de los 80

Consultada sobre a qué edad conviene empezar, la profesional fue categórica: las mamas se evalúan desde el estado prepúber. Contó que es frecuente que las madres lleguen asustadas porque a la nena le duele y le notan un bultito, cuando en realidad se trata del botón embrionario a partir del cual se desarrolla la glándula mamaria.

Luego sigue el control en la adolescencia, cuando la paciente consulta por anticoncepción, y así de manera sostenida durante toda la vida. En el otro extremo etario, Pérez aseguró que no existe una edad tope: «Yo tengo pacientes de más de 80 años que vienen a hacerse sus controles ginecológicos igual, y también se controlan las mamas».

Respecto de las mujeres que viven en residencias de adultos mayores, remarcó que el personal que las asiste cumple un rol central, porque al acompañarlas en la higiene diaria puede advertir asimetrías o alteraciones en las mamas.

La mamografía «tiene más mala fama de lo que es»

Uno de los puntos que más aparece en el consultorio es el temor al dolor durante el estudio. La médica buscó despejar esa idea.

«Los mamógrafos actuales no son tan compresivos. Tiene más mala fama de lo que es. Es un ratito y no es un justificativo para no hacerlo, sinceramente»

Además, explicó que las pacientes con implantes mamarios también pueden realizarse el estudio mediante la técnica de Eklund, que desplaza el tejido glandular hacia adelante y deja la prótesis atrás para poder evaluar correctamente la glándula.

Los signos de alarma que obligan a consultar

Pérez enumeró las señales que no deben pasarse por alto:

  • Un nódulo, bultito o zona más densa dentro de la glándula.
  • Retracción de uno o ambos pezones, cuando antes estaban exteriorizados.
  • Secreción tipo calostro sin embarazo ni lactancia, que puede responder a una hiperprolactinemia.
  • Secreción sanguinolenta, asociada a patología de conducto como papilomas o carcinomas.
  • Enrojecimiento e inflamación, compatibles con una mastitis.

Sobre el dolor mamario —mastodinia o mastalgia—, aclaró que es un motivo de consulta muy frecuente y que en la mayoría de los casos no se origina en la glándula sino en una neuralgia intercostal, vinculada a contracturas de la columna dorsal. Se trata con antiinflamatorios, vitamina B y kinesiología. También pueden generar dolor los quistes de displasia a tensión, que se punzan y evacúan.

Antecedentes familiares, hábitos y anticonceptivos

Las pacientes con antecedentes heredofamiliares requieren controles más rigurosos, sobre todo cuando el antecedente aparece por línea materna, aunque la línea paterna también se tiene en cuenta.

En cuanto al estilo de vida, la especialista fue prudente pero clara: una buena alimentación y la actividad física ayudan a mantener equilibrado el estado inmunológico y bajan el riesgo, aunque no constituyen una garantía absoluta.

También descartó un mito muy instalado: «Ya está demostrado que los estrógenos no provocan cáncer. Los anticonceptivos no te van a provocar cáncer», afirmó, y aclaró que las contraindicaciones pasan por otras cuestiones, como cefaleas, gastritis, intolerancias o dolor mamario intenso.

De la cirugía mutilante al ganglio centinela

Al repasar los cambios de las últimas décadas, Pérez destacó que la cirugía «ha ido toda en menos»: hoy se busca el procedimiento menos agresivo y más conservador posible.

La clave está en la técnica del ganglio centinela, el primer ganglio al que drena el tumor. Se marca con un radioisótopo, se extrae y se analiza en el mismo quirófano mediante biopsia por congelación. Si es negativo, la cirugía termina con la extracción del tumor con márgenes de seguridad. Si es positivo, se realiza el vaciamiento axilar.

«Antes, cuando había un carcinoma, se vaciaba la axila sí o sí», recordó. Esa práctica dejaba secuelas: el linfedema, aquel brazo hinchado y colgando que caracterizaba a las pacientes operadas. Hoy la rehabilitación kinésica comienza apenas se retiran los drenajes.

Los métodos diagnósticos también dieron un salto. Los mamógrafos y ecógrafos actuales ofrecen alta sensibilidad y especificidad, y la resonancia con contraste pasó a tener un rol central. A eso se suman el mamotomo, para estudiar microcalcificaciones bajo control mamográfico, y la corebiopsia, que permite llegar al quirófano con un diagnóstico cerrado.

«Eso es lo que buscamos con la mamografía: llegar con lesiones precancerosas a tiempo y que se curen», sintetizó, al explicar que un carcinoma in situ detectado antes de volverse invasor se extirpa y se cura.

Los casos avanzados y el pudor de los más grandes

La profesional reconoció que, aunque son pocos, todavía se ven cuadros localmente avanzados, generalmente en personas muy mayores que ocultan su problema.

«Es gente que por pudor no muestra su cuerpo a la persona que está a cargo, que los cuida, y por ahí te encontrás con un tumor localmente avanzado», relató. En esos casos solo queda una mastectomía de rescate.

El cáncer de mama también existe en el hombre

Uno de los puntos menos difundidos de la charla fue la advertencia sobre los varones. Pérez señaló que el cáncer de mama masculino existe y se trata igual que en la mujer.

«En general se palpa un nódulo, algo que no estaba, y es más fácil en el varón porque tienen poquita glándula», explicó, y pidió especial atención a quienes tienen antecedentes familiares, sobre todo cuando en la familia se detectó un carcinoma heredofamiliar.

Su mensaje de cierre fue una invitación a vencer la postergación: controlarse las mamas una vez al año y consultar ante cualquiera de los signos de alarma.

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