«No hay que naturalizarlo»: la médica Alejandra Pérez advirtió sobre los síntomas vulvares que las mujeres suelen dejar pasar

11 octubre, 2026 a las 16:00

La tocoginecóloga Alejandra Pérez visitó los estudios de InfoPico Radio 99.9 para hablar de patología vulvar, un terreno de la salud femenina que, según explicó, suele quedar relegado dentro del control ginecológico de rutina. Ardor, picazón persistente, fisuras y cambios en la coloración de la piel son síntomas que muchas pacientes dejan pasar. El mensaje fue claro: no hay que naturalizarlos.

Qué es la patología vulvar y por qué importa mirarse

La especialista definió la patología vulvar como el estudio y tratamiento de las enfermedades que afectan la piel y las mucosas de la parte externa de los genitales femeninos. Se trata de una zona particular del cuerpo, donde conviven dos tipos de tejidos distintos.

«Es un órgano en el cual hay una transición de epitelios. Hay piel y hay mucosa. Entonces ahí hay patologías que afectan a las dos estructuras», explicó Pérez. Esa convivencia hace que la zona sea especialmente propensa a irritaciones, ya sea por fricción, por la acción de algún germen o por enfermedades autoinmunes.

Uno de los puntos centrales de la charla fue el autoconocimiento. La profesional contó que en el consultorio se trabaja para que las pacientes reconozcan su propia anatomía, incluso con el uso de espejos. Entre las estructuras que mencionó figuran:

  • El clítoris y su capuchón, que es la piel que lo cubre.
  • Los labios menores y los labios mayores.
  • El introito vaginal, la entrada de la vagina y zona de transición entre la piel y la mucosa.
  • El vestíbulo, ubicado entre el clítoris y la uretra, donde las fisuras aparecen con facilidad.

Las fisuras y los síntomas que se dejan pasar

Pérez señaló que una de las consultas más habituales llega tarde, porque la paciente resta importancia a lo que siente. «Un ardorcito pasó», o molestias después de una relación sexual, son frases que escucha seguido. Sin embargo, detrás puede haber una irritación crónica que genera rascado y termina fisurando la piel y la mucosa.

«Siempre que uno siente ardor hay que mirarse», sintetizó. Y agregó que muchas de esas lesiones no se ven si no se entreabren las estructuras: son fisuritas longitudinales, frecuentes entre los labios menores y mayores, que molestan y pasan inadvertidas.

Consultada sobre cuándo una irritación momentánea se transforma en motivo de consulta, la médica aportó un dato revelador de su propia práctica: muchas veces es ella quien detecta el problema antes de que la paciente lo mencione.

«Yo veo que hay un borramiento de labios menores o se fusionan los labios menores con los mayores, como que hay una alteración en la anatomía. Y pregunto, y si yo no pregunto, por ahí no me lo dicen, porque como que lo tomaron como normal o no se miran»

Bultitos, glándulas y el diagnóstico diferencial con el HPV

Otra de las inquietudes que llegaron al aire fue la aparición de verruguitas o pequeños bultos. La tocoginecóloga diferenció varios cuadros. Por tratarse de una zona pilosa, es común que las glándulas sebáceas se tapen y se inflamen, formando granitos amarillos y duros que a veces requieren antibióticos y antiinflamatorios, y que en los casos más molestos se extirpan porque tienden a cronificarse.

Distinto es el caso de las verrugas. «Pueden ser verrugas vulgares, que a veces sobresalen pero son más de superficie lisa, que esas no son HPV», aclaró. De todos modos, insistió en que siempre debe hacerse el diagnóstico diferencial con el HPV, una enfermedad de transmisión sexual que, adelantó, merece un capítulo aparte.

También se refirió a la bartolinitis aguda, un cuadro que calificó como muy común: las glándulas de Bartolino, encargadas de la lubricación, pueden obstruirse e inflamarse, y las bacterias de la piel ingresan por el conducto generando un absceso sumamente doloroso, que puede darse de un solo lado o en ambos.

El liquen escleroso, una enfermedad crónica que empieza con picazón

Entre las patologías más frecuentes que ve hoy en el consultorio, Pérez mencionó las vulvitis crónicas y el liquen escleroso, una enfermedad autoinmune que inflama la vulva, borra estructuras y forma zonas blancas en la piel.

«Es crónica, es muy difícil de remitir», describió. Los tratamientos van desde cremas tópicas hasta estimuladores de los epitelios, como el plasma rico en plaquetas, y también el láser.

La profesional apuntó que durante años el control ginecológico se concentró en el Papanicolau y el examen de mamas, sin detenerse en observar las estructuras de la vulva. Así, síntomas iniciales como el prurito crónico o la aparición de placas blancas quedaban sin registrar. «A veces les pregunto si no vieron que la coloración cambió, que hay zonas blancas. No se las vieron», relató.

Hiperpigmentación, hábitos y ropa: lo que irrita sin que se note

Otra consulta habitual es la contraria: la hiperpigmentación, cuando las pacientes notan los genitales más oscuros. Lo primero, explicó, es descartar un trastorno metabólico, ya que la insulinorresistencia produce oscurecimiento en genitales, axilas y cuello. Descartado eso, entran en juego los hábitos.

Entre los factores que mencionó como irritantes figuran:

  • El uso cotidiano de protectores diarios con perfumes y componentes químicos.
  • La ropa interior de lycra y nylon, frente a la cual recomendó el algodón por ser menos traumático.
  • Los cosméticos que no provienen de laboratorios especializados en cosmetología vulvar, por su alto contenido de alcohol e irritantes.

Cómo higienizar la zona sin pasarse de rosca

Sobre la higiene, la médica fue categórica: no debe ser excesiva. «Si te higienizás de más, barrés la flora vaginal normal y entrás a tener infecciones de gérmenes oportunistas, como por ejemplo los hongos», advirtió.

Dio dos recomendaciones concretas. Por un lado, retraer suavemente el capuchón del clítoris para higienizar esa zona, sobre todo si se usan cremas, ya que los restos de producto, la humedad o alguna secreción pueden derivar en hongos e irritaciones crónicas. Por otro, moderar el uso del bidet: sugirió reservarlo para después de defecar y no utilizarlo cada vez que se orina, justamente para no arrastrar la flora vaginal.

Láser y recuperación posparto

Una consulta que llegó por mensaje durante la entrevista apuntó al láser y su efecto sobre la elasticidad después del parto. La respuesta fue afirmativa. Según explicó, el tratamiento sirve para tensar las paredes vaginales, mejorar el introito y también la calidad de la cicatriz en los casos en que hubo episiotomía.

Pérez detalló que la episiotomía es un corte dirigido a nivel del periné que se realiza durante el pujo, cuando la amplitud de la vagina no acompaña la salida de la cabeza del bebé, para evitar un desgarro desparejo del músculo. Esas cicatrices, aclaró, a veces molestan o duelen. «Con el láser se mejora porque se genera más colágeno, se le da más elasticidad», indicó. El procedimiento no se realiza de manera inmediata: deben pasar al menos dos meses del parto.

Hablar para consultar

Hacia el cierre, la profesional valoró el impacto que tienen estas charlas en su propia consulta: contó que muchas pacientes llegan al consultorio después de escucharla en la radio. Su recomendación final apuntó directo a quienes postergan el turno.

«No naturalizarlo, no pensar que bueno, ya se va a ir. Si para eso estamos, para escuchar y para resolver»

Además, propuso abrir el juego a la audiencia para definir los próximos temas a abordar en el ciclo, de acuerdo con las inquietudes que lleguen desde los oyentes y lectores.

Escuchá la nota completa:

¿Te gusta InfoPico? Agréganos como fuente preferida y aparecemos primero en tus búsquedas
Agregar InfoPico