La Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) y el gobierno provincial firmaron el pasado 29 de septiembre un convenio para crear el Observatorio de Inteligencia Artificial, un espacio destinado a monitorear el impacto técnico, ético y social de esta tecnología. El rector Francisco Marrul detalló los alcances de la iniciativa en diálogo con InfoPico Radio 99.9.
Una realidad que avanza más rápido que el análisis
Marrul explicó que la decisión surgió de una preocupación que la universidad venía advirtiendo desde hace tiempo. «La inteligencia artificial es una realidad que avanza a una velocidad que a veces es difícil calcularla, porque cada dos o tres meses va avanzando de una manera muy fuerte», señaló el rector.
Dentro de la UNLPam ya hay equipos de distintas facultades trabajando con la temática, tanto como herramienta de uso cotidiano como objeto de estudio. El convenio con la provincia busca nuclear esos esfuerzos y sumar a las áreas del gobierno que también vienen abordando el tema.
La mirada interdisciplinaria es, según el rector, el corazón del proyecto. No alcanza con el enfoque técnico: se trata de revisar qué es posible hacer con la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, qué consecuencias tiene su uso sobre la vida en sociedad.
La persona en el centro
Consultado sobre qué impacto concreto puede tener el observatorio en la vida diaria de los vecinos, Marrul fue directo: el objetivo es avanzar hacia regulaciones provinciales que contemplen tres principios.
- Un uso ético de la tecnología.
- Un uso que ponga en el centro a la persona humana.
- Un uso consciente de que hay múltiples intereses en juego.
En ese sentido, el rector apuntó a la concentración del mercado: «Las empresas que han creado estas inteligencias artificiales, que son cuatro o cinco empresas, hoy están manejando lo que tiene que ver con el avance de la inteligencia artificial».
«Lo importante de hacerlo desde una universidad pública es que las empresas no tienen el mismo interés que nosotros podemos tener en avanzar en esto. A las empresas lo que más les interesa es que se utilice esa herramienta»
¿Se puede regular desde una provincia?
Ante la pregunta sobre qué margen real tiene La Pampa para regular un fenómeno global, Marrul reconoció que no hay respuestas cerradas y que ese interrogante es, justamente, uno de los objetos de estudio del observatorio.
Recordó que hubo intentos que no prosperaron, como el de la Comunidad Económica Europea, que según su lectura buscó «demasiada precisión». Y marcó un problema de fondo: «Tal vez lo que nos ocurre es que estamos pensando estos problemas con la cabeza de problemas que ya no existen. Son problemas nuevos».
Uno de los debates más fuertes del momento, agregó, es la posibilidad de ralentizar el avance de estas tecnologías para mantener el control y evitar que «se vaya de las manos», una discusión que incluso plantean las propias empresas del sector.
El aula, el primer campo de batalla
El rector no esquivó la cuestión que atraviesa hoy a toda la comunidad educativa: estudiantes que resuelven trabajos prácticos con inteligencia artificial y docentes que corrigen con las mismas herramientas.
«Lo que tenemos que hacer es no esconder la tierra bajo la alfombra y ponerlo arriba de la mesa. La inteligencia artificial está, los estudiantes la están utilizando, los docentes la están utilizando»
Para Marrul, el camino pasa por buscar acuerdos sobre cómo usar la herramienta sin afectar el proceso de enseñanza-aprendizaje e, idealmente, mejorándolo. Pero advirtió que eso requiere «un análisis muy complejo, muy profundo, de distintas disciplinas».
Observatorio y no laboratorio: por qué la diferencia
La UNLPam analizó otros formatos antes de definir el suyo. Varias universidades avanzaron con laboratorios de inteligencia artificial, pero en La Pampa consideraron que esa figura resultaba insuficiente.
«Un laboratorio tiende más a generar un espacio para avanzar en la creación de herramientas, de aplicaciones de uso», explicó el rector. El observatorio, en cambio, tiene «una mirada más amplia»: puede incluir ese desarrollo de aplicaciones, pero también abordar los inconvenientes derivados del avance tecnológico.
El miedo al reemplazo y la gestión de la incertidumbre
El temor de la gente a perder su empleo frente a la automatización también estará en la agenda del nuevo espacio. Marrul lo enmarcó dentro de la responsabilidad de una universidad pública: generar conocimiento y hacerlo circular.
A ese fenómeno le sumó otro: la sobreinformación que ingresa permanentemente a celulares y computadoras y que «muchas veces nos hace perder de vista qué es lo real y qué es lo falso».
«Estamos en épocas de incertidumbre», cerró el rector, «pero esas incertidumbres, con información de fuentes confiables, de espacios que pueden acreditar la trazabilidad de la generación de ese conocimiento, se pueden gestionar y manejar de mejor forma que si no existiera».
