La escena jazzística de General Pico atraviesa un período de expansión sostenida. Así lo reflejaron Claudia Muñoz, integrante de Mermelada Funk, y Franco Ferreira, del grupo La Mara Big Band, quienes pasaron por los estudios de InfoPico Radio 99.9 para contar cómo se gestó el crecimiento de un género que en la ciudad dejó de ser cosa de unos pocos para convertirse en un movimiento con orquestas, ensambles, jams y público que agota las entradas.
El marco de la charla fue la nueva edición del Ateneo Cultural que se llevó a cabo el día viernes con la participación de Mermelada Funk, Body and Soul y La Mara Big Band.
Un ciclo que ya tiene identidad propia
Ferreira explicó que se trata del segundo encuentro del año dedicado al jazz dentro del Ateneo Cultural, un ciclo que se suma a otras propuestas abocadas al folclore, al rock y a la música tropical. «El Ateneo Cultural comenzó a mediados del año pasado, pero La Llave del Viejo Galpón ya tenía su historial, su historia», señaló el saxofonista, al recordar que el espacio transita su cuarto año de actividad.
El primer encuentro de la temporada fue un cruce de orquestas del que participaron La Mara Big Band y la Orquesta Esca General Milonga, también de General Pico. En aquella oportunidad, según detallaron, las entradas se agotaron por completo.
De la zapada al escenario: cuando la jam se vuelve banda
Uno de los fenómenos más singulares que dejó el movimiento local es el de las jams que terminan dando origen a bandas estables. La Orquesta Esca General Milonga nació precisamente de esas improvisaciones espontáneas que se dan al cierre de cada jornada.
«Surgieron dos jams del Viejo Galpón seguiditas, nos encontramos más o menos los mismos improvisando al final de la jornada y dijimos: che, bueno, ¿y si nos juntamos a ensayar? Va a tener otro cuerpo, otro rodaje», relató Ferreira. Y agregó: «Empezamos a ensayar de a poquito, seleccionando canciones, presentando algunas composiciones de algunos compañeros. Así le fuimos dando un poco de forma hasta que, bueno, es una banda, nos tuvimos que hacer cargo».
El caso de Mermelada Funk es similar. Muñoz contó que la formación, integrada por seis músicos, se gestó a partir de un evento periódico que realizan en Siriaco, donde también se abre el escenario a la improvisación. «Mermelada en inglés es jam. El grupo, la formación, surgió a raíz de hacer un evento donde también se abre una jam, una zapada. Y bueno, por eso fue el nombre», explicó.
La lógica se replica en cada encuentro del Ateneo: después de las presentaciones formales, el escenario queda abierto. «La idea es que quien tenga ganas de compartir, que se suba a improvisar, a tocar música espontáneamente con otros músicos, y que suceda la magia», resumió la cantante.
La fuente: el ensamble como semillero
Para Ferreira, nada de esto sería posible sin lo que los músicos locales llaman «la fuente»: el Ensamble de Vientos, Cuerdas y Percusión, una orquesta escuela con doce años de trayectoria en la ciudad, dedicada a la formación de niños y adolescentes en un instrumento y en la música.
«Todos nos formamos dentro del ensamble. Varios nos fuimos consolidando con el instrumento, empezamos a dar clases y a la vez seguimos estudiando y ensamblándonos, dejándole el paso a los que están sumándose ahora, los más jóvenes. Pero también nosotros queríamos seguir teniendo nuestra banda, nuestro estudio, nuestro ensamble», sostuvo.
Consultado sobre el acompañamiento del municipio a la actividad cultural, el músico fue categórico: «Es fundamental para el desarrollo de la educación de los jóvenes. Es algo sumamente importante, es algo que transforma totalmente las vidas de las personas: la música y el estudio».
En esa línea, destacó también la importancia de contar con una infraestructura adecuada: «Que tengamos un espacio, que tengamos un escenario como es el Viejo Galpón, un auditorio con las refacciones que ha tenido, con el sonido, con todo, se presta para un buen espectáculo».
Una mirada desde afuera
Muñoz, nacida en Barcelona y radicada de manera intermitente en General Pico desde marzo de 2022, aportó una perspectiva externa sobre el fenómeno. «Cuando llegué a Pico me sorprendí muy gratamente de que hubiera tanto jazz en la ciudad. Yo venía escuchando mucho jazz en ese momento y quedé encantadísima de que hubiera tanto recorrido acá, gracias a Fran y a todos los chicos que lo impulsan», expresó.
La cantante llegó a la música por un camino lateral: de chica estudió, después fue más una cuestión pasional, y en Barcelona se animó a los micrófonos abiertos. El año pasado, Ferreira le extendió la invitación para sumarse a La Mara. «Han ido surgiendo oportunidades», definió.
La constancia por encima del talento
Sostener una big band de 16 integrantes no es tarea sencilla. Ferreira reconoció que lo más difícil es «encontrarnos, ponernos de acuerdo y organizarnos», además de conseguir un espacio para ensayar. El grupo se reúne una vez por semana, en lo que definió como «el encuentro sagrado»: dos horas en las que sí o sí hay que estar.
«Es la constancia lo que construye, son los ladrillitos que vamos pegando», afirmó. Y agregó que el trabajo colectivo se complementa con el individual: «Cada uno tiene que seguir trabajando en casa con su instrumento, estudiando la música, sabiendo de dónde viene».
Derribar el mito del jazz como música de élite
Ferreira aprovechó el espacio para desarmar un prejuicio extendido. «Muchas veces asociamos al jazz como una música de élite o algo que hay que estudiar para poder entenderla o interpretarla. Y en verdad los orígenes son completamente diferentes, muy populares», explicó, recordando que el género nació entre gente que buscaba «algún motivo para estar celebrando» en plena década del 30.

