La tocoginecóloga Alejandra Pérez volvió a los micrófonos de InfoPico Radio para repasar las consultas más frecuentes en su consultorio. Advirtió por el aumento de casos de sífilis y VIH que aparecen como hallazgos en análisis de rutina, y explicó por qué la candidiasis a repetición se transformó en uno de los motivos de consulta más habituales entre las mujeres.
La candidiasis que va y vuelve todos los meses
«Lo que estamos viendo mucho es la candidiasis recidivante», definió la profesional al describir el cuadro que más se repite en el consultorio. Se trata de la ruptura del equilibrio ecológico de la vagina: el hongo, la cándida, desplaza a los lactobacilos que integran la flora normal.
Pérez explicó que la cándida convive habitualmente en la flora vaginal —la llamada cándida saprófita— pero se convierte en problema cuando encuentra la oportunidad. «Es un microorganismo oportunista, porque aprovecha la oportunidad del sistema inmunológico que está bajo por estrés la mayoría de las veces, o por infecciones intercurrentes», detalló.
Los síntomas son conocidos: flujo grumoso, de aspecto pastoso y olor ácido, con picazón, ardor e irritación intensa en la vulva. El problema, señaló, es la ciclicidad: «Generalmente la semana antes de menstruar aparecen con los síntomas. Hay gente que hace años que está con el problema».
Del antimicótico al láser: cómo se trata
La médica indicó que el tratamiento habitual arranca con fluconazol de 150 miligramos en monodosis, que alivia los síntomas, aunque muchas veces no alcanza y hay que sostener el esquema en el tiempo. «A veces las tenemos 6 meses con antimicóticos», graficó.
Entre las herramientas más recientes mencionó el láser, que describió con una imagen: «Es como algo figurativo que voy a decir, es como que quemaría los microorganismos». En rigor, explicó, se trata de una terapia radiante que modifica el pH, mejora la producción de colágeno y refuerza las defensas locales.
El recorrido previo de la paciente, dijo, suele incluir cremas, óvulos antimicóticos y tratamientos orales prolongados. Y agregó un factor que atraviesa todo: el estrés.
«La mujer es la que lleva la matuta en la casa. Yo siempre lo hablo con las pacientes, que son medio el eje de la familia. Si ellas no están bien, es como que se desmorona todo»
Menopausia, sequedad y una consigna: «Eso hay que regarlo»
Otro de los ejes de la charla fue el síndrome genitourinario de la menopausia. Al bajar los estrógenos, el tejido se vuelve más atrófico, más delgado y con menos circulación local. Pérez remarcó que muchas veces es el propio equipo médico el que tiene que abrir el tema.
«Cuando vamos a hacer un Papanicolaou vemos que hay cierta resistencia a colocar un espéculo, que no desliza, que hay rigidez, y a veces hasta se lastima porque está muy adelgazado el tejido», describió. Su síntesis fue directa: «Eso hay que regarlo, hay que darle tratamiento hormonal, hay que hacer una cosmética vulvovaginal».
Dentro de ese abanico de cuidados, la profesional enumeró:
- Jabones líquidos específicos, adaptados al pH vaginal, que no arrasan con la flora ni irritan.
- Geles de ácido hialurónico para hidratar y lubricar, también usados por jóvenes que toman anticonceptivos.
- Cremas hidratantes y sérum reparador, sobre todo después de la depilación.
- Cremas despigmentantes y láser para el oscurecimiento genital, que puede estar asociado al roce o a la insulinorresistencia.
Consultada por los costos, fue clara: «Barato no es, pero es accesible». Y aclaró que los tratamientos se adaptan a lo que cada paciente puede afrontar.
ITS: «Lo vemos en todos los niveles sociales»
El tramo más fuerte de la entrevista estuvo en las infecciones de transmisión sexual. Pérez contó que en su consultorio privado está detectando casos de LUES o sífilis, una enfermedad que se creía superada. «Estamos viendo mucho sífilis, que estaba desterrada porque con la penicilina enseguida uno la trataba», afirmó, y agregó que colegas de otras provincias le reportan la misma tendencia.
La médica marcó un cambio de época respecto de lo que veía al inicio de su carrera. Antes, dijo, estas infecciones se concentraban en contextos de menores recursos, con problemas de acceso a métodos de protección o situaciones de hacinamiento. Hoy el escenario es otro.
«Ahora se ve en todos los niveles sociales e intelectuales, o sea que la gente sabe, pero igual las enfermedades de transmisión sexual puede tenerlas cualquiera aun sabiendo», sostuvo.
Diagnósticos que aparecen sin que la paciente los busque
Uno de los datos más relevantes es cómo llegan los diagnósticos. «En general son hallazgos, porque no vienen sabiendo», explicó. Las pacientes consultan por el control anual y, en la rutina, aparece una VDRL positiva o un test de VIH positivo.
Por eso, contó, suele pedir autorización expresa para incorporar el estudio de ITS al análisis general: «Siempre les pregunto si quieren hacerse el estudio y la mayoría te dice que sí». La ginecóloga remarcó además el rol que termina cumpliendo en el seguimiento integral: «Es la única vez que van al médico al año, entonces medio que el ginecólogo se comporta como médico de cabecera».
También insistió en la necesidad de avisar a las parejas anteriores ante un diagnóstico positivo, para que puedan hacerse los análisis y el tratamiento correspondiente. Sobre el VIH, precisó que los casos siguen existiendo aunque se hable menos: «Ya se controla con el tratamiento, se logran cargas virales negativas».
Hormonas, pellets y lo que viene: los péptidos
Pérez también se refirió a los tratamientos hormonales y salió al cruce de una denominación instalada: el pellet, dijo, no es un «chip sexual» sino una vía de administración subdérmica de hormonas bioidénticas u otras sustancias.
Mencionó que en esas barritas se pueden incorporar desde metformina, en pacientes con insulinorresistencia, hasta oxandrolona, para mejorar la masa muscular en hombres y mujeres. «Yo te puedo poner un pellet de testosterona con oxandrolona, pero vos tenés que hacer una dieta saludable, tenés que tener un entrenamiento cuatro veces por semana. Todo es un todo», aclaró.
Finalmente, adelantó que está cursando una capacitación sobre péptidos, sustancias que ya circulan en el mercado y que los pacientes empiezan a pedir. Su advertencia apuntó a la indicación profesional: «Si uno no está bien indicado, el resultado no es bueno, entonces desmerece el método, el tratamiento. Y no es que sea malo, sino que no está bien indicado para ese paciente».
