La médica cardióloga Lorena Brocal dejó un mensaje claro al conmemorarse el Día Mundial del Hipertenso, el pasado lunes 14 de septiembre: cada persona debe conocer su propio valor de presión arterial. En diálogo con InfoPico Radio 99.9, la especialista explicó que el umbral de la hipertensión se ubica en 140-90 y que la mayoría de los pacientes no registra síntomas hasta que ocurre un evento grave.
El primer paso: conocer el propio número
Para Brocal, el punto de partida de cualquier tratamiento es la información. Insistió en que la medición debe realizarse al menos una vez al año, más allá de que la persona se sienta bien.
«Lo más importante es que todo el mundo conozca cuál es su número de presión arterial. Que todo el mundo sepa cuál es su valor y se la mida al menos una vez al año»
La profesional advirtió sobre una situación frecuente: el paciente se controla en un centro de salud o en una farmacia, le dicen que «la tiene normal» y se queda con esa respuesta. «No importa, la gente tiene que saber cuál es su normal. Mi normal es 11/8, 11/7, o 12, o 13, o lo que sea, el habitual, el que más veces tenemos cuando nos controlamos», señaló.
La periodicidad de los controles, aclaró, depende del nivel de riesgo de cada persona. Los chequeos deben ser mucho más seguidos en quienes presentan:
- Antecedentes familiares o personales de hipertensión
- Diabetes
- Enfermedad renal
- Tratamiento farmacológico ya en curso
Por qué el 14 de septiembre y qué significa el 140-90
La fecha elegida para la conmemoración no es casual. «El valor límite es 140-90. Es justamente por ese número de 14-9 que se conmemora el 14 de septiembre el Día del Hipertenso», explicó la cardióloga.
A partir de ese registro se habla de hipertensión arterial y comienzan las intervenciones para bajar el número. Brocal detalló que basta con que se supere cualquiera de los dos valores —la sistólica, la máxima, o la diastólica, la mínima— para que el riesgo de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares se eleve.
También puso el foco en los cambios a lo largo del tiempo. Mencionó el caso de las mujeres en la etapa de la menopausia, que pueden tener valores de 12/8 durante años y de pronto registrar 15/9. «Siempre tuve baja la presión, dicen. Bueno, hay algún factor que está haciendo que hoy ya no sea tu número habitual», apuntó.
Las subas del día a día son normales
Consultada sobre si un registro alto puede ser circunstancial, la especialista fue categórica: la presión arterial varía con cada latido y responde a las exigencias del organismo.
«Hago ejercicio físico, voy al gimnasio, levanto pesas, te subís a la bici, te la pongo pesada, te sube la presión. Ahora debe normalizarse una vez que yo me siento y me recupero. Si grito un gol en un partido, se me sube la presión; paro, descanso, respiro, me acomodo y se normaliza», ejemplificó.
Esas oscilaciones, remarcó, «son normales, son habituales y son necesarias», porque el cuerpo está preparado para generar más presión cuando debe levantar algo pesado o hacer un esfuerzo. Lo que importa, tras una evaluación completa, es que el promedio se ubique por debajo del 14/9.
El ejercicio, la intervención número uno
Aunque durante el entrenamiento la presión sube, el efecto a mediano plazo es el contrario. «El ejercicio físico a la larga lo que produce es el descenso de la presión arterial. Por eso es la intervención número 1 que hay que hacer en los pacientes que tienen la presión alta: hacerlos entrenar», sostuvo Brocal.
En el caso de las personas con presión baja, indicó que también responden bien a la actividad física, con una suba menor que la de quienes registran valores normales altos.
«Ni alta la preferimos, ni tan baja»
El periodista le consultó por un dicho popular muy extendido: que es preferible tener la presión baja antes que alta. La cardióloga matizó esa creencia.
Reconoció que el riesgo de eventos cardiovasculares y renales es mucho mayor en la hipertensión, pero aclaró que «el cerebro también necesita perfusión». Y sintetizó: «Ni alta la preferimos, ni tan baja».
Hay personas que conviven bien y sin síntomas con valores máximos de 80 o 90, señaló. En cambio, en pacientes de edad avanzada no se puede dejar la presión demasiado baja porque se afecta la irrigación cerebral.
La advertencia: sin síntomas, también hay riesgo
Uno de los puntos más fuertes de la charla fue la insistencia en no esperar señales del cuerpo para actuar.
«No hay que esperar a que te duela la cabeza ni a tener ningún síntoma, porque la mayoría de los pacientes con la presión alta no sienten nada hasta que tienen un infarto o un ACV»
Al cerrar, Brocal volvió sobre la idea central con un ejemplo práctico: si alguien se controla y registra 16/9, se trata de «una súper alerta». Si el valor se repite esa misma tarde y al día siguiente por la mañana, hay que intervenir de inmediato para bajarlo.
«Si yo no lo conozco, no puedo solucionar nada que no conozco, no puedo trabajar sobre lo que no sé dónde está», concluyó la especialista.
