La urología avanzó más en los últimos cuatro años que en décadas anteriores. Hoy es posible curar un cáncer de próstata en 15 minutos, sin internación y sin las secuelas de una cirugía convencional. Así lo explicó el Dr. Pablo Dedola, urólogo de General Pico, quien detalló cómo funcionan las terapias focales que ya aplicó en casi 70 pacientes.
Crioablación: tratamiento dirigido sin cirugía mayor
La crioablación es una de las técnicas que más impacto generó en el campo de la urología oncológica. Consiste en aplicar temperatura extrema directamente sobre el tumor localizado en la próstata, detectado previamente por resonancia magnética. «Focalizás en la resonancia la lesión, demos un ejemplo, de 3 centímetros, y le hacés la crioterapia, sin afectar nada más», explicó Dedola.
El procedimiento se realiza bajo ecografía, que fusiona en tiempo real las imágenes de la resonancia con las del equipo de ablación. El médico actúa como «francotirador», dirigiendo la aguja hacia el nódulo tumoral. Todo el procesamiento y calibración lo hace la máquina, que vale 1.125.000 dólares. Dedola se posiciona como el mayor prestador de crioablación en toda la Patagonia, con cerca de 70 casos tratados.
«Acá el tamaño no importa»
«Siempre digo: acá no es como en el pene, en la próstata el tamaño no importa. Vos podés tener una próstata grande y no tener ningún tumor, o tener una chiquita, orinar perfecto y tener cáncer de próstata»
El médico desmitificó la relación entre el agrandamiento prostático y el cáncer. Ambos son procesos independientes: el primero afecta a prácticamente todos los varones con el paso de los años, pero no implica malignidad. Por eso insistió en la importancia de los controles anuales a partir de los 45 o 50 años, sin excepción.
Menos tacto rectal, más tecnología
Uno de los mitos que alejan a los hombres del control urológico es el temor al tacto rectal. Dedola aclaró que, con los nuevos métodos diagnósticos, menos del 10% de los pacientes requieren ese procedimiento. «Con el advenimiento de la resonancia, hay mucha tecnología. Hoy podés evitar tactarlo en la mayoría de los casos», aseguró.
El foco está puesto en detectar el cáncer en estadios iniciales, cuando el tratamiento es menos invasivo y más efectivo. Antes, un diagnóstico de cáncer de próstata implicaba cirugía radical, con riesgo de disfunción eréctil e incontinencia urinaria. Ahora, con la terapia focal, el paciente recibe el tratamiento y vuelve a su casa el mismo día.
La brecha entre tecnología y cobertura
A pesar de los avances, persiste un problema: las obras sociales y prepagas no acompañan el ritmo de la tecnología. «El avance de la tecnología no es a la par del avance de las autorizaciones», señaló Dedola. Ni siquiera tratamientos como el láser para litiasis renal —piedras en los riñones— son cubiertos en muchos casos.
El equipo de terapia focal cuesta más de un millón de dólares. Apenas dos o tres centros en todo el país lo tienen: Buenos Aires, el Sanatorio Otamendi y el Centro de Urología (CDU). La única obra social que cubre parcialmente el procedimiento es SEMPRE, entre un 80% y 100%. El resto directamente lo rechaza.
«Si le hacés la terapia de vapor, le dilatás el inicio del tratamiento por lo menos 8 años con medicamentos. Sacá la cuenta: seguramente te cuadra por todos lados autorizarle el vapor. Pero acá nadie piensa a 7, 8 años»
Señales de alerta en la orina
Dedola también repasó los indicadores que no deben ignorarse al orinar. La presencia de sangre es la principal alarma: puede indicar desde una piedra hasta un tumor. En pacientes fumadores, la hematuria (sangre en orina) obliga a descartar cáncer de vejiga o riñón, por la alta vinculación entre tabaquismo y tumores del urotelio.
Otros factores a observar:
- Frecuencia miccional (cuántas veces se orina por día)
- Volumen de orina
- Color y densidad
- Aspecto turbio o con sedimentos
- Consumo de ciertos alimentos que alteran el color (remolacha, por ejemplo)




