Un violento raid de agresiones contra una mujer terminó con un hombre de 28 años tras las rejas. El atacante la abordó en su lugar de trabajo, luego le apoyó un cuchillo en el cuello y finalmente la golpeó en una plaza. La víctima vive con pánico a lo que pueda pasar cuando él quede libre.
Lo que debió ser un fin de semana tranquilo se transformó en una verdadera pesadilla para una mujer de General Pico. Un hombre de 28 años, fue condenado a un año de prisión de cumplimiento efectivo luego de someter a su expareja a una serie de ataques brutales y sistemáticos. El fallo fue dictado por la Jueza de Control Ana Laura Ruffini, tras un acuerdo de juicio abreviado entre la fiscalía y la defensa.
El calvario comenzó la noche del 29 de marzo de 2026. El agresor irrumpió en el hogar de ancianos donde la mujer trabajaba y, tras una violenta discusión, le propinó una patada en el estómago. Presa del miedo y para evitar que el escándalo le costara su empleo, la víctima decidió retirarse con él. Sin embargo, lo peor estaba por venir. Al llegar al domicilio del acusado, la violencia escaló a un nivel extremo: el sujeto le apoyó un cuchillo de gran tamaño en el cuello y continuó castigándola con golpes de puño y patadas.
La espiral de violencia machista continuó a la mañana siguiente, a plena luz del día, en una plaza céntrica de la ciudad. Allí el hombre volvió a golpearla en el estómago hasta que un vecino, alertado por la escena, llamó a la policía, logrando detener el ataque.
El fiscal Francisco Trucco y el abogado defensor Walter Vaccaro presentaron un acuerdo para condenar al acusado por los delitos de lesiones leves agravadas por el vínculo y amenazas agravadas por el uso de armas. Al comprobarse que el atacante ya contaba con una condena condicional previa dictada en 2023, la Justicia decidió revocarle ese beneficio y unificar las penas en un único año de prisión en la cárcel.
El detalle más desgarrador del caso quedó expuesto durante el contacto que la Justicia mantuvo con la víctima. Vía telefónica, la mujer evidenció un profundo pánico. Aunque en un principio no quería que el agresor fuera preso—un comportamiento habitual en víctimas sumidas en círculos de violencia extrema y miedo—, solicitó encarecidamente que se aplique la Ley de Víctimas para ser notificada el mismo día que su atacante recupere la libertad. Su lugar de trabajo queda a pocos metros de la casa del condenado, y el terror de volver a encontrarlo en la calle la mantiene en vilo.



