Un profesor de educación física de General Pico recibió una pena de seis meses de prisión condicional por agredir a su expareja en un contexto crónico de violencia de género. El estremecedor llamado al 101 del hijo mayor de la pareja fue la prueba clave que desmoronó la coartada del acusado.
En un fallo dictado por el juez Marcelo Luis Pagano de la Segunda Circunscripción Judicial de La Pampa, un hombre de 44 años fue condenado a seis meses de prisión en suspenso por golpear salvajemente a su expareja. La sentencia no solo dejó al descubierto un calvario de años de violencia machista, sino también el enorme coraje de un nene de 11 años que logró detener el brutal ataque.
Los hechos ocurrieron la madrugada del 19 de octubre de 2025 en General Pico. Tras regresar de un evento social, el agresor acorraló a la mujer y comenzó a golpearla contra los muebles de la casa. Despertado por los ruidos, el hijo mayor de la pareja presenció la violenta escena junto a su hermanita de apenas 4 años.
Mientras el hombre tomaba del cuello y le propinaba un puñetazo en el rostro a la víctima, ella le suplicó a su hijo que pidiera ayuda. El menor logró marcar el 101 de la policía, puso el teléfono en altavoz y, según su propio testimonio, se hizo una ‘bolita’ para proteger el celular de los manotazos de su padre que intentaba cortar la comunicación. Durante el juicio, la fiscalía reprodujo el desgarrador audio del sistema de emergencias, donde quedó registrado el llanto desesperado del menor pidiendo auxilio y los gritos de la madre dictando la dirección.
En el debate oral, la defensa intentó minimizar los hechos argumentando que el golpe en la cara había sido ‘accidental’ en el marco de un forcejeo por un teléfono celular. Sin embargo, el magistrado Pagano desestimó de plano esta versión, respaldándose en el relato lineal de la víctima, las pericias médicas y el contundente e inalterable testimonio del menor en Cámara Gesell.
La fiscal del caso logró demostrar que el episodio no fue un hecho aislado, sino parte de un ciclo de maltratos, celos extremos y control que la víctima padecía desde hacía años. Finalmente, la justicia lo condenó por el delito de lesiones leves agravadas por el vínculo y por mediar violencia de género, imponiéndole además la prohibición absoluta de acercamiento y contacto con la mujer.



