A horas de dejar sus cargos en la Unidad Regional II, los comisarios generales Vanina Fileni y Alejandro González Palleres pasaron por los estudios de InfoPico Radio 99.9 para hacer un balance de sus tres décadas de servicio. Con un perfil habitualmente bajo y reacios a los micrófonos, los jefes policiales abrieron las puertas de su memoria para repasar la evolución del delito, los casos que los marcaron a fuego y los desafíos de las nuevas generaciones dentro de la fuerza.
Los inicios: de las publicidades en televisión al filtro estricto
Ambos ingresaron a la Escuela de Policía hace exactamente 30 años, en una época donde las comunicaciones dependían del teléfono a disco y las vacantes eran escasas. Palleres, oriundo de Ingeniero Luiggi, entró con 24 años, en lo que él mismo define como “la última bala que tenía” tras un intento frustrado de ingresar al ámbito militar.
La historia de Fileni, nacida en Eduardo Castex, tiene un tinte particular. Sin familiares policías y con sus abuelos guiándola hacia la docencia, su vocación despertó mirando la televisión. “Mirando las propagandas de Canal 3 que hacía el comisario Luis Darata, invitando jóvenes. Mostraban cuando pasaban pistas, y yo decía: ‘está bueno eso'”, recordó. Sin embargo, el ingreso no fue fácil para las mujeres de la época. De más de 200 inscriptos en la Plaza de Armas, solo quedaron ocho mujeres. Tras quedar como suplente en su primer intento, la insistencia dio sus frutos al año siguiente: “Dura la gringa, porfiada, y ahí quedé”, bromeó.
De los allanamientos a la inteligencia artificial
El primer destino de ambos fue General Pico. Fileni en la Comisaría Primera y Palleres en la Segunda. Eran tiempos de una ciudad más chica, pero con un mapa delictivo intenso, marcado por robos a mano armada, ingresos a viviendas, golpizas a adultos mayores y un personal policial acotado que los obligaba a patrullar incluso en sus horarios de almuerzo.
Hoy, el escenario es completamente distinto. La tecnología cambió las reglas del juego en la investigación criminal. “Estamos viviendo como en la casa de Gran Hermano”, graficó Fileni sobre la masificación de las cámaras de seguridad. Palleres sumó que la inmediatez de los teléfonos celulares agilizó la transmisión de novedades, dejando atrás la época donde debían ir puerta por puerta a reportar los hechos.

El peso emocional de la placa
Más allá de los robos y el trabajo de calle, hay casos que no se borran. Palleres recordó un importante robo a un comercio en Realicó, donde la presión social era enorme y el rápido esclarecimiento junto a su equipo le dejó una marca de gratitud imborrable. Para Fileni, el punto de quiebre emocional estuvo en la creación de la Unidad Funcional de Género en 2012 y en tragedias que enlutaron a la ciudad, como el caso de la niña Sofía Viale.
“Vos venís y me planteás: ‘Me robaron el televisor’. Vos mañana lo podés volver a comprar. Pero en el área de la mujer, venir y contarle a la persona que tenés enfrente todos tus dolores y angustias… vos eso no lo volvés a comprar, eso se rompió y no se vuelve a armar”, reflexionó Fileni con crudeza.
Ese nivel de exposición al sufrimiento humano exige una fortaleza psicológica superlativa. “Escuchamos y tenemos que, a la vez, ponernos en frío. No me puedo largar a llorar con la víctima, tengo que contenerla y llevar el hilo de la investigación para que no falte nada en la causa”, explicó la comisaria.
Nuevas generaciones y la necesidad de “Asuntos Internos”
La charla también abordó la actualidad de los jóvenes que ingresan a la Policía de La Pampa. Palleres notó que las nuevas camadas, al ser tan jóvenes, a veces “se frustran rápido ante cualquier situación y se agobian”. Ambos coincidieron en que el rol de los jefes hoy incluye hacer docencia, practicar con el ejemplo y brindar apoyo constante.
Consultada sobre qué área o división le falta a la estructura policial actual de cara al futuro, Fileni fue directa: “En lo personal, me parece que hace falta Asuntos Internos. Se trabaja con unidades especiales y algún jefe determinado, pero estaría bueno que sea algo establecido”.
El retiro y el legado
A pesar de la dureza de la profesión, ninguno de los dos dudó un segundo al afirmar que volverían a elegir ser policías. Destacaron a los jefes que les dieron espacio para crecer, como Carlos Sánchez, quien le permitió a Fileni “hacerse todoterreno” sin limitarla a tareas administrativas por ser mujer, o referentes como Ovin, Silvani, Marotti, Gandino, quienes guiaron a un joven Palleres en sus primeros pasos.
Hoy cierran un ciclo ininterrumpido de 30 años. Se van con la tranquilidad del deber cumplido, pero dejan la puerta abierta. Con la nueva ley de seguridad ciudadana en proceso de reglamentación, ambos admitieron estar dispuestos a colaborar desde nuevos roles si la provincia requiere su vasta experiencia en el norte pampeano. Por ahora, el objetivo es uno solo: “Bajar un cambio y esperar lo que viene”.



