Jubilados patagónicos: cuando la salud también se vuelve un lujo

25 abril, 2026 a las 14:00
foto ilustrativa

Hay situaciones que se repiten con una regularidad que ya no sorprende, pero que no por eso deja de doler. El PAMI y sus prestadores vuelven a estar en conflicto. Y en el medio, como siempre, los jubilados.

No alcanzó con la pelea por los haberes. No alcanzó con años de jubilaciones que se licuaron frente a la inflación, de adultos mayores eligiendo entre el medicamento y la comida. Ahora el golpe llega desde otro flanco: la cobertura médica. Ese último refugio que muchos creían, al menos, garantizado.

Un reclamo que se ignoró demasiado tiempo

Treinta clínicas y sanatorios de Neuquén, Río Negro, Chubut y La Pampa llevan semanas reclamando lo mismo: que los valores que cobra un médico, una clínica, un servicio de diagnóstico, tengan alguna relación con la realidad. Dicen tener un retraso del 70% en los precios. Setenta por ciento. No es un número menor, es la diferencia entre sostenerse y quebrar.

Y así, sin que nadie lo vote ni lo decida abiertamente, se fue armando un esquema de restricciones que hoy tiene a 300 mil afiliados patagónicos mirando el horizonte con una angustia muy concreta: ¿me van a atender si me enfermo?

El desmantelamiento silencioso de la cobertura

Primero fueron las cirugías programadas. Suspendidas. El paciente que esperaba esa intervención que no es urgente pero que tampoco puede postergarse indefinidamente, que quedó en lista de espera sin saber hasta cuándo.

Desde este lunes, se suman las prácticas ambulatorias. Diagnóstico por imágenes. Cardiología. Consultas con especialistas. Endoscopías. Todo aquello que permite detectar a tiempo, controlar, prevenir. Justamente lo que más necesita alguien que tiene una enfermedad crónica, que convive con la hipertensión, la diabetes, la insuficiencia cardíaca.

Y la advertencia que nadie quiere escuchar pero que ya está escrita: si no hay respuestas concretas para la primera semana de mayo, podría verse afectada la atención en guardia. La guardia. El último recurso. El lugar al que va quien no tiene otro lugar adonde ir.

El estrés presupuestario tiene cara y tiene nombre

Hay algo que merece subrayarse: los prestadores no están pidiendo un privilegio. Están pidiendo que lo que cobran les permita pagar los sueldos, mantener los equipos, sostener la estructura. El PAMI, por su parte, habla de “estrés presupuestario” y promete convocarlos a conversar. Mientras tanto, el tiempo pasa. Y cada día que pasa es un turno que no se saca, un control que no se hace, un diagnóstico que se retrasa.

La Patagonia tiene una particularidad que agrava todo esto: el sistema privado no es un complemento, es el sostén central de la atención médica de los adultos mayores. Cuando ese sistema cruje, no hay red debajo.

La angustia que no sale en los comunicados

Pensar en la angustia de un jubilado patagónico hoy es pensar en algo muy concreto y muy humano. Es la señora que tiene turno con el cardiólogo desde hace dos meses y no sabe si ese turno va a existir el lunes. Es el hombre que necesita una ecografía para que el médico pueda decidir qué hacer con ese dolor que no cede. Es la familia que llama por teléfono para preguntar qué pasa, y no sabe qué responderle a su madre.

No es una estadística. Es miedo. Es la sensación de que el sistema que debería cuidarte te está fallando, justo en el momento de la vida en que más lo necesitás.

El amortiguador que ya no da más

Los jubilados de este país llevan años siendo el amortiguador de cada crisis. Sus haberes se ajustan tarde, sus medicamentos suben antes, y ahora su cobertura médica se vuelve incierta.

Alguien tiene que dar respuestas. Y tiene que hacerlo antes de que la primera semana de mayo confirme el peor de los escenarios.

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