La realidad en las aulas pampeanas ha dado un giro de 180 grados. Hoy, el rol de los educadores va mucho más allá de la simple transmisión de conocimientos. Jesús Strani, coordinador del nivel secundario de la zona norte, reflexionó en los micrófonos de Infopico Radio 99.9 sobre la imperiosa necesidad de acompañar a los docentes ante la creciente carga emocional que absorben en el día a día.
En un contexto social donde las tensiones y la vulnerabilidad parecen ser moneda corriente, las instituciones educativas se erigen como un refugio indispensable. Según explicó Strani, la escuela se ha convertido en “una propuesta contracultural”, un espacio que educa incesantemente para la resolución pacífica de conflictos y el respeto mutuo, remando muchas veces contra la corriente de los mensajes violentos o agresivos que bajan desde distintos sectores de la sociedad.
Sin embargo, ponerle el pecho a esta realidad tiene su peso. Los docentes no solo se paran frente a un curso de 23 o 24 alumnos, sino que habitualmente tienen a su cargo múltiples divisiones. Esto significa que, jornada tras jornada, absorben la compleja carga emocional de cientos de chicos. Lograr un vínculo genuino de confianza para que el estudiante se sienta contenido y dispuesto a expresar su dolor o necesidad es hoy una tarea primordial para la cual el profesor necesita respaldo.
Ante este panorama, surge con fuerza el concepto de la “gestión de la afectividad”. El coordinador de la zona norte detalló que el enfoque tradicional de entrar al aula con el único objetivo de enseñar una materia ha quedado corto. “A veces nosotros estamos pensando que nuestro rol es enseñar determinado contenido, pero la situación hoy nos convoca a que lo pensemos desde un lugar de gestión de la afectividad”, remarcó Strani, subrayando la importancia de saber dónde poner la mirada al momento de interactuar con los jóvenes.
Para no dejar a los educadores solos en esta trinchera, los equipos técnicos trabajan codo a codo dentro de las instituciones. El Ministerio de Educación provincial ya ha incorporado esta gestión emocional en sus lineamientos políticos y estratégicos, partiendo de un diagnóstico claro: lo que pasa en la calle y en el seno familiar impacta de lleno en la escuela. Por ello, resulta vital brindar herramientas y contención a los docentes que están al frente del pizarrón, bancando la parada y haciendo del colegio un verdadero lugar de cuidado.



