Ser de Pico: Esas pequeñas cosas que solo un piquense entiende

11 noviembre, 2025 a las 18:00

Todas las ciudades tienen sus propios códigos, sus secretos a voces y sus costumbres inexplicables para el forastero. General Pico no es la excepción. Existe un “ADN piquense”, una serie de referencias, frases y rituales que nos definen y que llevamos con orgullo. Son esas pequeñas cosas las que confirman nuestro sentido de pertenencia y nos hacen sentirnos, inconfundiblemente, en casa.

Para empezar, un piquense vive en un mundo de coordenadas. Acá, rara vez usamos nombres de calles; vivimos por números. Un visitante quizás se pierda, pero nosotros sabemos perfectamente qué significa “ir para el lado de la 1” o encontrarse “en la 9 y la 20”. Entendemos la lógica de las pares y las impares como si fuera nuestro propio documento de identidad.

¿Qué significa “dar la vuelta del perro”? Es, quizás, nuestro ritual social más emblemático. Es subirse al auto, la moto o simplemente caminar, y girar incansablemente alrededor de la Plaza San Martín o de la manzana del centro de General Pico, tal vez de recorrer la avenida. No se trata de llegar a ningún lado, sino de ver y ser visto; es el verdadero punto de encuentro móvil de la ciudad, un clásico que resiste el paso del tiempo.

Ser de Pico es también entender el clima de La Pampa. No nos asusta el viento; convivimos con él. Sabemos lo que es un día de tierra, ese polvareda que se mete hasta el alma, y por eso valoramos como nadie un atardecer calmo “en la laguna” del Parque Recreativo. Y, por supuesto, entendemos la frase “hace falta agua” casi como un saludo.

Nuestra identidad también se forja en la pasión. La ciudad se divide en colores. Ser de Ferro o de Costa Brava no es solo una preferencia deportiva; es, muchas veces, una herencia familiar, una identidad barrial. Los clásicos paralizan la ciudad y definen las charlas del lunes. A eso se suman Pico FBC e Independiente, completando el mapa pasional que nos caracteriza. Entre otros, claro está, por no nombrar a todos.

Finalmente, ser piquense es tener nuestros propios íconos. Es saber que “El Hospital” es el Centeno, que “La Rural” es mucho más que un predio, y reconocer de inmediato puntos de encuentro gastronómicos que son una institución, como “lo del Angelito” o “Pizza Nova”. Son esos lugares que, sin necesidad de dirección, todos sabemos dónde encontrar.

Ser de Pico es todo eso y mucho más. Es la cercanía de una ciudad que, aunque pujante y en constante crecimiento, todavía conserva esa esencia de pueblo donde, de alguna manera, todos nos conocemos. Es entender estos guiños, compartir estos lugares y sentirnos parte de algo único. Es, en definitiva, nuestro modo de ser.

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