Durante muchos años (y todavía hoy), Argentina ha sido considerada una gran potencia en publicidad. Se ha valorado, a nivel internacional, la creatividad, el uso de la sorpresa y el humor y una impresionante optimización de los recursos disponibles. En la mente de muchos argentinos, pero también de expertos de todo el mundo, están campañas como las que se han realizado para bebidas, telefonía, vehículos y tantos otros productos o servicios.
El sector es algo diferente en los tiempos actuales. En primer lugar, por la presencia de medios novedosos que han restado algo de protagonismo a la televisión. Nos referimos, por supuesto, a las populares redes sociales, que atraen a un público cada vez mayor y, por tanto, también son un canal que interesa especialmente a las marcas anunciantes. Por otra parte, los recursos tecnológicos han evolucionado enormemente en las décadas recientes.
Destaca, entre todas las novedades, la inteligencia artificial. Su potencial es impresionante y se aplica a multitud de procesos y ámbitos. Ahorra tiempo y costes para las tareas más mecánicas, como el cálculo de las operaciones los mercados financieros. También aporta adelantos en la programación, como en las empresas que crean videojuegos o diseñan tragamonedas con bonus gratis en internet. O previene los ataques cibernéticos y el robo de información en industrias como el eCommerce.
Son, por supuesto, sólo algunos ejemplos. No podemos olvidar que también tiene aplicación en la publicidad. Y este es un campo donde la IA tiene mucho que aportar. Su capacidad para personalizar anuncios, analizar y segmentar los datos de los clientes, diseñar campañas con nuevos elementos gráficos y animaciones de gran realismo y un largo etcétera. De hecho, ya existen los primeros servicios en el sector que se han creado mediante esta herramienta.
Este es un proyecto pionero, puesto que las empresas argentinas de esta industria parecen ser reticentes a la incorporación de la IA al mundo publicitario. Y aquí es donde entra una de las cuestiones más actuales: ¿falta formación y no se ha generalizado su uso por desconocimiento de su potencial? ¿O existe un cierto temor a que este recurso digital sea una merma para la creatividad que tanto ha caracterizado a las campañas en nuestro país?

En la mente de muchos está el reciente caso de millones de imágenes que inundaron internet, creadas con IA, y que incorporaban el estilo del Studio Ghibli (unos dibujos japoneses). Al principio, eran muy originales y sorprendentes; pero, con el paso de los días, saturaron la red y generaron el efecto contrario. ¿Es la democratización de los recursos un problema para la producción de campañas de alto impacto?


