Con el calendario electoral en marcha, el escenario político pampeano comienza a tomar temperatura y los principales frentes exhiben realidades diametralmente opuestas. Mientras la Unión Cívica Radical se muestra como el equipo más ordenado y ya pisa el acelerador recorriendo el territorio, el peronismo evidencia sus tensiones internas y La Libertad Avanza navega en un mar de incertidumbres.
El radicalismo, ahora en una estrategia separada del PRO, parece haber madrugado a sus competidores. Con la fórmula de Federico Guidugli y María Eugenia Forte, la UCR presenta dos figuras jóvenes que encarnan el “recambio que la sociedad pide a gritos”. Detrás de ellos, el aparato partidario se ha encolumnado de manera monolítica, insuflando un optimismo palpable en sus filas con el objetivo claro de, como mínimo, conseguir una banca en el Congreso de la Nación. Su campaña ya está en la calle, buscando capitalizar el descontento y presentarse como una alternativa sólida y renovada.
En la vereda de enfrente, el peronismo pampeano transita horas de deliberación y reacomodamientos que se asemejan más a un paréntesis que a un lanzamiento. Si bien el gobernador Sergio Ziliotto respalda a sus candidatos, las demás líneas internas parecen tomarse su tiempo. La postal más elocuente de esta fractura se vivió en General Pico, donde la poderosa línea ‘Plural’, que tiene como conductor natural al exgobernador Carlos Verna, le propinó un vacío elocuente a los candidatos oficiales. La ausencia de sus referentes fue notoria tanto en la expo rural como en la unidad básica, incluso con la presencia del propio gobernador, dejando en evidencia una herida que todavía no cierra.
Para intentar ordenar el norte provincial, se designó a Pablo Maccione y Melina Delú como coordinadores de campaña, una movida burocrática que, por ahora, no logra disipar las dudas. Sin embargo, nadie subestima el poder de reacción del justicialismo. Si los jefes de las distintas facciones logran un acuerdo, el formidable aparato peronista trabajará a pleno con la mira puesta en recuperar una de las bancas perdidas en elecciones anteriores. La gran incógnita es si la voluntad de unidad se impondrá sobre las disputas de poder.
Por su parte, La Libertad Avanza atraviesa su momento más complejo. El ancla de una economía que ya no muestra la solidez de meses anteriores, sumada a las recientes y duras derrotas electorales en Corrientes y Buenos Aires, configuran un panorama adverso. Su candidato, Adrián Ravier, intenta instalarse en un contexto desfavorable, mientras crecen los cuestionamientos sobre su lealtad: ¿defenderá los intereses de los pampeanos o los de su partido a nivel nacional?
El tendón de Aquiles del gobierno nacional se ha vuelto su frente más expuesto. El impacto en sectores vulnerables como jubilados, los recortes en áreas sensibles como la niñez —con el Hospital Garrahan como símbolo— y la discapacidad —con la parálisis de la ANDIS—, junto a un salario que se ha estancado para los trabajadores, son munición gruesa para la oposición.
Tanto el radicalismo como el peronismo han tomado nota de la debilidad libertaria. Saben que el viento de cola que impulsó a LLA ha amainado y que se abre una ventana de oportunidad. Si sabrán darle la lectura correcta a este nuevo escenario, es algo que el tiempo dirá. O mejor dicho, que las urnas del 26 de octubre se encargarán de revelar.



