La industria pampeana está en jaque. Las medidas económicas del Gobierno nacional han sacudido a las empresas locales, y Miguel Iglesias, nuevo presidente de la Unión de Industriales de La Pampa (UNILPA), no se guarda nada. “La situación está tensa. Los industriales estamos poniendo el pecho para evitar despidos, pero estamos al límite”, lanza, reflejando el sentir de cientos de empresarios que hoy se ven obligados a reinventarse para sobrevivir.
Al frente de la metalúrgica Apex, Iglesias conoce de primera mano los desafíos. Con casi cien empleados en su nómina, siente la presión cada día. “No se trata solo de números; son personas, familias enteras que dependen de nuestras decisiones. Despedir es la última opción, pero las medidas económicas nos están empujando al abismo”, confiesa con preocupación.
En medio de esta tormenta, Iglesias apuesta por la unidad y el diálogo. Quiere poner en marcha una mesa de trabajo con representantes de todos los sectores industriales de la provincia. “Cada sector tiene su propia lucha, pero juntos podemos encontrar soluciones. Es hora de hablar menos y hacer más”, propone, mientras enfatiza la importancia del compañerismo y la solidaridad entre empresarios.
Las cifras no mienten: más de 130.000 empleos perdidos a nivel nacional este año y La Pampa no es la excepción. “La construcción está prácticamente paralizada, y aunque el sector petrolero aguanta, la caída del consumo y el aumento de costos nos afectan a todos”, advierte.
Pero Iglesias no se rinde. Con la mirada puesta en el futuro, se prepara para una reunión crucial con la ministra de Producción, Fernanda González. “Vamos a plantear nuestras necesidades y a buscar soluciones reales. La industria necesita apoyo para seguir adelante, y es el momento de ser creativos”, anticipa.
El mensaje es claro: los industriales pampeanos no se darán por vencidos sin pelear. Con una mezcla de preocupación y esperanza, Iglesias lidera un movimiento que busca no solo resistir, sino también transformar la adversidad en una oportunidad para reactivar la industria local. ¿Podrán lograrlo? Solo el tiempo dirá, pero una cosa es segura: no están dispuestos a bajar los brazos.



