Hay lugares que marcan el ritmo de una ciudad, que se destacan por sobre otros, que son icónicos por su atención, dedicación y el esmero con que fueron forjados. En Pico, desde diciembre de 2019, existe Índigo, en calle 30 número 156. Nacido de una idea de Pablo Martínez, lleva casi cuatro años marcando tendencia en cuanto a espacios de abordaje holístico.
Pablo Martínez abrió las puertas de su espacio a este medio para brindarse en un ameno diálogo. El reconocido piquense, que entre sus varias tareas se desempeña como maestro de Reiki, brinda diferentes terapias alternativas, y propone una fusión de sus saberes, propiciando de esta manera el bienestar que todo aquel que asiste a su estudio necesita. También es conocido por su trayectoria como bailarín y profesor de danza, por estar a la cabeza Magenta Eventos, empresa que se encarga de ambientar y diseñar distintas celebraciones… Mientras que otros saben de él por su manejo de una amplitud de disciplinas holísticas. Pablo, por su parte, no se encasilla en una profesión específica e inició el diálogo definiéndose: “Soy energía, y lo que necesites que sea voy a ser”.
En índigo flota tibieza en el ambiente. Todo resulta cuidado y dispuesto con mucho amor. El espacio reconforta por su armonía, con imágenes proyectadas y sonidos de la naturaleza… sobre la idea de la puesta en marcha de este universo Pablo refirió que “siempre quise tener un espacio propio, acorde a las energías acordes con la terapia y no sabía cómo llamarlo, quería que tenga un nombre que no represente ni un rubro ni una temática en sí, que sea abierto para que índigo sea yo y un lugar”.
Entre las distintas actividades que posee Índigo, el centro brinda Terapia Postural Activa en Hamacas, que este mes se desarrolla los martes, miércoles y jueves, a las 18, 19 y 20 horas, con excepción de los jueves que se realizan a las 14. “Las actividades son personalizadas, en grupos de no más de tres personas para estar en contacto directo con el paciente-alumno y conocer sus límites físicos y poder transmutarlos en un cuerpo más sano”, comentó Pablo, y agregó que “esto permite ver resultados mucho más rápidos en pacientes con distintos tipos de patologías”.

La práctica de esta disciplina genera que los pacientes-alumnos sanen no solo su parte física sino emocional, “que se conecten con la parte lúdica de la hamaca, que empiecen a tomar el elemento como parte de ellos. Que empiecen a soltarse y conectarse con la hamaca. La hamaca transmite mucha información, es un elemento en el cual trabajamos percepción, equilibrio, destreza, fuerza.
Podemos alinear la postura, tener más fortaleza en miembros superiores, inferiores … es una actividad dinámica, pero que tiene su momento de paz que te conecta con tu interior y te genera un estado de relajación sin generarlo, y la gente ingresa de una manera y se va de otra, y eso es lo lindo”.
A partir de la Pandemia y de la necesidad de la gente es que Pablo Martínez comenzó a hacerse conocido en la ciudad: “Todo empezó como de casualidad, primero en mi casa, después en el estudio, después volví a mi casa por Pandemia y finalmente volví al estudio y cada espacio y cada momento tuvo su aprendizaje”.
El poder combinar y fusionar las terapias provocó que Pablo percibiera la libertad de enfocarlas en el único objetivo que es sanar, generar energía y equilibrio, de ahí que las reunificara con estos nombres: “‘Bienestar energético’, donde se incorpora Reiki Usui y Karuna, más Kundalini; Apertura de registros Akáshicos, Bienestar Relajante, que se realiza con una pistola masajeadora, y se utiliza para las personas que no pueden conectarse con los espiritual sino pasan primero por lo físico; Cuencos tibetanos, Aromaterapia con los siete charkras, Aromaterapia energética, Péndulo cristal, Gemoterapia, además de las meditaciones guiadas, y la devolución que todo el mundo espera cuando va a mis terapias, que a veces las doy antes y o después, dependiendo de la energía de la persona”.
En cuanto a las meditaciones guiadas, Pablo prefirió hacer un apartado para referirse a ellas. Fue algo que fue creciendo. “Son sesiones de diez personas, los grupos más pequeños son de cuatro y en espacios más grandes de hasta cuarenta personas. El paciente se acuesta en las colchonetas, o se reclina en una hamaca… La energía que fluye es muy importante. La gente logra conectarse por medio de la respiración, de la música, mi voz que los va guiando, y la paz profunda que se logra no tiene precio”, concluyó.

En la entrevista nació la necesidad de consultarlo sobre las personas que ya poseen alguna patología declarada y qué rol cumplen sus terapias cuando la medicina tradicional está presente. “Yo sano el espíritu, sano al alma, no el cuerpo. Hoy en día hay más amplitud, por eso trabajo a la par de psicólogos, nutricionistas, médicos y kinesiólogos, que fueron dándole una vuelta de rosca a la salud de la persona a nivel emocional, espiritual, angelical, físico y mental y no dudan en el método holístico. Y cuando el paciente se da cuenta que no solo puede ayudarse si no contribuir a su terapia lo empieza a implementar, y es ahí donde uno se vuelve parte de una sanación en cadena y eso te genera una explosión de bienestar”.



