Desde la agrupación feminista recordaron a Sofía Viale con una ilustración de RoFerrer y un texto escrito por una integrante del grupo, Aimé Kraft.
El texto señala lo siguiente:
“Antes vivíamos tranquilxs, sabíamos que estaban, que había algunxs.
Llegaban rumores, susurros, de vez en cuando alguien decía tener una certeza, pero vivíamos tranquilxs.
Todxs sabíamos que había monstruos, más habitaban lejos, se escondían en otros placares, salían de otras cloacas, no les veíamos a la luz del día.
Lxs hijxs iban tranquilxs a la escuela, al club, corrían libres por las plazas…
Un día una hija desapareció, la llamaron y no regresó, la buscaron en casas de amigxs, en casas de la familia, hasta en el baúl del auto del abuelo.
Disfrazaron de monstruos a personas que no lo eran, pusieron cruces sobre espaldas frágiles, señalaron sin ton ni son, más la hija no aparecía.
Todxs lxs hijxs adentro!
Acá no salen más solitxs!
¡Hay un monstruo suelto!
¡Este no le teme a la luz!
Pasaban las semanas, la llanura se come los sentimientos, los disuelve como esas pastillas sublinguales, ahora están, ahora no están.
Más el monstruo seguía ahí, agazapado, esperando, y hasta quienes lo querían negar, cuidaban un poco más de lxs hijxs.
Son más fáciles las ausencias cuando son ajenas, le duelen a otrx, es otrx quién no duerme, quién abraza el vacío.
Una tarde el monstruo atacó a otra hijx, y ella logró correr, gritar, señalarle, y así encontraron a la hija que estaba desaparecida, rota, sin vida.
Ese día despertamos.
Están acá.
Pueden ser lxs vecinxs.
Pueden ser quién te saluda cada mañana.
Puede ser quién tiene que cuidarte.
Puede ser cualquiera.
¿Con los monstruos se aprende a convivir? ¿se los empieza a identificar?
Es mejor despertar que el sopor de la indiferencia.
Es necesaria la memoria, porque ahora parecen salir más durante el día, ya no le temen al sol.
Y acá siguen lxs hijxs, jugando en las plazas, volando en las hamacas, soñando al mirar las nubes.
Y acá seguimos nosotrxs, mirándoles crecer, velando por sus sueños, por más monstruos que haya, aún todxs nos permitimos soñar.
No se llenan lo vacíos, la hija que un monstruo se robó nos duele, nos atraviesa, nos moviliza a seguir, nos recuerda que las salidas son colectivas, que la memoria es colectiva, que, si la olvidamos, ahí todxs empezamos a morir”.



