Crónicas de La Pampa: El hijo de Barón, un relato de sangre, dinero y muertes anunciadas

15 septiembre, 2019 a las 13:30

Su padre, es sindicado por algunos autores como “uno de los colonizadores de La Pampa”, aunque otros le quitan un poco de peso en esa categorización. En concreto, el cordobés de ascendencia francesa, Wilfrid Barón tuvo su paso marcado en el territorio pampeano. “Era definido como un ‘hombre múltiple’. Se dedicó a la actividad industrial, agropecuaria, financiera, y comercial a lo largo y ancho de la geografía argentina”. Nunca imaginó lo que sería la vida de su hijo. 



En algunas ocasiones para contar una historia se necesita unir varios relatos contados en distintas épocas y por diferentes autores. Pequeños testimonios aparecen, profusas preguntas que se disparan y una imperiosa necesidad de que broten más detalles.

En este caso, se trata de una leyenda plagada de brutalidad, misterio y literatura. La historia de un padre emprendedor que habitó La Pampa y su hijo, exquisitamente maldito.

Raúl Carlos Barón Biza nació un 4 de noviembre de 1899 en Buenos Aires siendo el menor de cinco hermanos de un matrimonio compuesto por Wilfrid Barón y Catalina Biza.

Su padre, es sindicado por algunos autores como “uno de los colonizadores de La Pampa”, aunque otros le quitan un poco de peso en esa categorización. En concreto, el cordobés de ascendencia francesa, Wilfrid Barón tuvo su paso marcado en el territorio pampeano.

Según cuenta el archivo del Diario La Reforma, “era definido como un ‘hombre múltiple’. Se dedicó a la actividad industrial, agropecuaria, financiera, y comercial a lo largo y ancho de la geografía argentina”.

A comienzos del siglo XX, Don Wilfrid se hizo de tierras pampeanas y colaboró en la fundación de Colonia Aráuz y Colonia Mirasol. Nadie imaginaba la historia de sangre que recorrería el menor de sus hijos.

De acuerdo a lo que indica el Diario, el 21 de marzo de 1915 se produce “un importante remate de 1.000 hectáreas” donde se funda la localidad de Colonia Barón. Una década después, el incipiente pueblo pierde a su fundador.

De todos modos, su hijo, Raúl Barón Biza superaría ampliamente la trascendencia de su padre a base de excentricidades, locuras y arrebatos personales.

Caminos distintos

El joven Biza poseía bastante dinero y un estatus social importante para la época.

Tal era la ostentación de su dinero, que la Magdalena Ruiz Guiñazú explicó que la frase “tirar manteca al techo” tiene su origen en lo que solía hacer Barón Biza, quien durante su estadía en Europa arrojaba manteca al techo haciendo alarde de su profusa riqueza.

Se metió en política, escribió y se destacó también como empresario. En 1924 publicó “Risas, lágrimas y sedas”.

A su vez, fue uno de los primeros en introducir el olivo en nuestro país y realizó explotaciones en minas de wolframio y bismuto.

En Venecia tuvo la oportunidad de conocer a la actriz de origen suizo Rosa Martha Rossi Hoffmann, aunque utilizaba el seudónimo de Myriam Stefford. Se enamoró y el 28 de agosto de 1930 contrajo matrimonio.

Entre algunos de los tópicos más extravagantes de la reciente vida de casados de la joven pareja, destacaba la afición de Myriam por la aviación. Por ese motivo, compraron un monomotor para visitar los distintos puntos de Argentina. Ella, se destacó por ser una de las primeras aviadoras del país.

No llegaron a cumplir ni un año de casados que, el 26 de agosto de 1931, la mujer tuvo un accidente aéreo en San Juan.

Los primeros rumores de la tragedia señalaban al propio Barón Biza como responsable de los sucedido. De todas formas, construyó un monumento colosal de hormigón armado que fue diagramado por Fausto Newton.

Allí yace una cripta con bóveda donde se encuentran los restos de Myriam. “Viajero, rinde homenaje con tu silencio a la mujer que, en su audacia, quiso llegar hasta las águilas” anuncia el epitafio.

Posteriormente, el viudo se exilió en Uruguay y publicó: “¿Por qué me hice revolucionario” en 1932.

Tras una serie de intentos literarios, Barón Biza cae en prisión por razones políticas y publica una de las obras más polémicas y que generaría revuelo en la época por su contenido: “El derecho de matar”.

De acuerdo a lo que sostienen algunos autores, “el libro estaba revestido en plata y en su portada aparecían una calavera y una guadaña ensangrentada”. Dentro de la locura de la publicación, incluso llegó a pensar en enviarle una edición al Papa, hecho que finalmente concretó. Una “obra maldita” directa al Vaticano.

En aquel momento, Barón Biza se encontraba en prisión y no pensaban liberarlo.

Aún así, procedió a la publicación de una segunda versión de “El Derecho de Matar”, con una rusticidad característica que se adaptaba a que la gente de a pie pudiera entenderlo.

Luego de que lo liberaran, y ya superada la muerte de su primera esposa, mantuvo un romance con la señorita Rosa Clotilde Sabattini, hija de un amigo cercano.

Corría el año 1935 cuando se casaron de forma secreta. Ella tenía apenas 17 años.

A partir de allí, abandonaron el país y se afincaron en Suiza y otras latitudes.

Durante la década del ‘40 volvieron a la Argentina, tuvieron tres hijos y prontamente se mudaron a Uruguay.

A raíz de una relación ya agrietada, peleas constantes y una ruptura que parecía impostergable, Barón Biza mantuvo un duelo con pistolas con el hermano de Rosa y los dos terminaron baleados.

En 1942, nuestro personaje publica “Punto Final”, llamando nuevamente la atención del público y generando sentimientos encontrados en sus lectores tras su obra “El Derecho de Matar”.

Llegado el año 1953, Barón Biza finalmente se separa de forma oficial y le ofrecen un cargo político en Hungría.

Diez años después, el repudiado escritor escribe “Todo estaba sucio”, donde ofrece un manto de oscuridad aún mayor que el mostrado por su predecesoras.

El comienzo del “Punto Final”

El 16 de agosto de 1964, Barón Biza recibe a su ex esposa y sus abogados para tramitar el divorcio. Allí les ofrece un whisky, y sin que nadie lo espere, le arroja el contenido a Sabattini.

Al final, el vaso no contenía whisky sino una especie de ácido que le quemó el rostro a la mujer.

Luego de esta reacción violenta, misógina e inexplicable, Barón Biza escapa a la vez que los letrados llevan a la herida al Hospital del Quemado. Ante la gravedad de un panorama delicado, intervienen su cara, sus manos y el pecho.

Al día siguiente, los oficiales de Policía encargados de allanar su mansión y detener al agresor encuentran un cadáver con un disparo en la cabeza: era el cuerpo de Barón Biza que yacía en el suelo. Un violento final para un extraño y oscuro personaje.

Tal vez signados por una especie de maldición que prosiguió a su muerte, su ex mujer como dos de sus hijos se suicidan siguiendo el mismo camino que el escritor maldito.

Distintas preguntas se mantendrán sin respuesta. ¿Recordaría Barón Biza antes de matarse sus orígenes? ¿Las tardes que habrá pasado su padre en La Pampa? ¿Los hechos que marcaron su orígen? Por lo pronto, sólo queda leer y entender. Y una historia más que quedará en la memoria de muchos.

Escrito por S.W. – Artículo de infopico.com

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Artículos de consulta

-“Colonia Barón escribe otra página de su historia” de Diario La Reforma. 

-“Millonario, izquierdista, pornógrafo, suicida: Raúl Barón Biza, la mancha humana de la literatura” por Luciano Sáliche. 

-“Barón Biza. El millonario que provocó a la sociedad y desfiguró a su esposa” por Gabriela Origlia. 

 

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