La levedad de las alianzas electorales en La Pampa

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4 Noviembre, 2016 a las 15:33 hs.

Por Norberto G. Asquini



Las alianzas, frentes o coaliciones transitorias conformadas para afrontar un proceso electoral han tomado el lugar que antes tenían los partidos en el escenario político nacional. Estos conglomerados de fuerzas diversas y de diferente tamaño, ocupan el rol que se les asignaba a los partidos como instrumento de representación a través de la participación en las elecciones. Tenemos casos que se han mantenido con el tiempo al calor del poder, como el Frente para la Victoria, y otros que son meras siglas para presentarse a una votación determinada para luego desaparecer. La última experiencia “exitosa” en lo electoral, y frente a un peronismo dividido, ha sido la de Cambiemos, alianza que Ignacio Zuleta llama el “partido del ballotage”.

Esta tendencia de la oferta electoral cobró fuerza a mediados de los 90 y se impuso como marca con la crisis de representatividad a partir de 2001, ya sea a nivel nacional, provincial y municipal. En La Pampa los frentes sirvieron a las fuerzas de la oposición para enfrentar al PJ, un caso paradigmático de partido dominante a nivel provincial que mantuvo su nombre y espacio en todos estos años, frente a la dispersión del voto no justicialista. Desde mediados de los 90, estuvo en esta lista primero el Fregen para desafiar el dominio de los dos partidos mayoritarios, y luego la Alianza (UCR y Fregen), tuvo su lugar el FRAP (UCR, PS, Fregen y MID) para convertirse en una experiencia más extendida a través del Frepam (UCR, PS y Fregen) y luego llegó la conformación de Propuesta Federal (Pro, MID y Mofepa), para converger todos finalmente en Propuesta Frepam. No fueron los únicos frentes, pero sí los más votados. En 2015 la alianza opositora tuvo una diversidad interna sin precedentes, aglutinando desde la centroderecha a la centroizquierda. Ahora, desde el macrismo, se plantea la posibilidad de conformar Cambiemos para 2017, con el incentivo de contar con el respaldo del gobierno nacional.

Para algunos dirigentes de la oposición pampeana, las estrategias frentistas solo sirven como meras alianzas electorales transitorias para enfrentar al oficialismo y la coyuntura electoral, mientras que para otros han sido experiencias fructíferas tanto en el plano legislativo como en las pocas coaliciones de gobierno que se han producido, como ocurrió en Santa Rosa con la intendencia de Francisco Torroba. Estas fusiones de fuerzas dispares que se necesitan entre sí para disputar el poder al PJ les han permitido a sus integrantes tener una mayor competitividad electoral que el haberse presentados solos en las votaciones, más allá de los resultados.

La construcción política en torno a liderazgos por sobre programas o ideologías y un escenario de partidos debilitados, ha llevado a que estas alianzas se hayan armado meramente como una instancia electoral con un importante componente de pragmatismo. En ese sentido, los frentes políticos adolecen de estabilidad y son condicionados por la levedad de su armado. Van y vienen, se construyen, deconstruyen y reconvierten al calor de las circunstancias políticas.

De esta forma, el actual intendente Leandro Altolaguirre, con un armado de “radicales puros”, enfrentó en 2015 en la interna santarroseña de Propuesta Frepam a la lista de consenso entre los otros partidos, para convertirse en la actualidad en un defensor del armado de Cambiemos y acercarse al Pro. El macrismo, a su vez, conformó bloques propios en Diputados y varios concejos deliberantes, separados de sus aliados electorales, y ahora pretende volver a la idea de un frente común con aquellos con los que desistió de compartir espacios en los cuerpos legislativos. Javier “Colo” Mac Allister impulsó a comienzos de año que en 2017 la oposición debía ir separada, y ahora quiere la unidad. Torroba fue el promotor de Propuesta Frepam-Cambiemos en 2015, con él encabezando la lista, y ahora se niega a pensar en Cambiemos. Los contrasentidos son parte de una oposición en debate.

Una alianza tiene sus pros y sus contras para cada socio. Cambiemos tienta a radicales a integrar esa fuerza como radicales macristas, parte de un frente que los contiene y que a la vez diluye su identidad partidaria. Las apelaciones de la UCR a los colores partidarios intentan ponerle freno a un contexto que los acorrala y esfuma las pertenencias. Cambiemos da a los radicales que ya se sienten parte de esa fuerza un ropaje más amplio, con la consecuencia de licuarse o convertirse en una línea interna más de esa nueva expresión política, lo que a su vez promueve el avance del macrismo sobre el radicalismo. En una alianza donde una de las fuerzas cuenta con el aval del gobierno nacional, los pesos específicos de cada componente han cambiado en los últimos meses.

En 2019 los dos frentes actuales en el escenario pampeano, Frepam y Cambiemos, posiblemente se unan por conveniencia electoral para enfrentar otra vez al PJ. Hoy, mientras tanto, el macrismo invita a la UCR a fusionarse, ya sea porque esa es una línea que baja desde el ámbito nacional o para sobrellevar la falta de un candidato competitivo. Una instancia que está en debate en el radicalismo, en medio de incentivos por un lado y resistencias por otro. En ese contexto, el dilema de fondo con el que la oposición llega a las elecciones de 2017 y se proyecta a 2019, es cuál de los dos sectores más importantes, el radical o el macrista, debe conducir o liderar ese “gran frente” opositor que en algún momento puede unirse. Pero, como hemos dicho anteriormente, para la UCR ser parte de Cambiemos no va a ser gratuito. 

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