Publicado el 20/03/2017 a las 16:37 hs.

No quedó jineteada en el país en la que él no dejara su marca.



75 años no son pocos, sobre todo si fueron vividos con intensidad. Y menos aun si se pasaron de a caballo. Hombre de campo adentro, hombre pampeano. Rosario Balmaceda, “pobre viejo”, fue quien supo enaltecer al jinete de estas tierras. 
Nació en Victorica, y se crió en La Pastoril. Allí, fortaleció su talento natural, aquel que lo llevaría a ser uno de los mejores jinetes de La Pampa. El hombre tenía una habilidad invaluable para el de campo: si un caballo lo tiraba, él caía parado y salía andando. 
Trabajó en los hornos de ladrillo, pero cuando la miseria apretó, Balmaceda, supo que debía usar su don natural: cuando se trataba de montar no tenía cansancio.
Domador como ninguno, no tenía recelo en mostrar su agilidad arriba de un matungo. Lo mismo le daba montar en Naicó, Toay, Chile o el Uruguay. Era cosa de subirse a un caballo, a dos, a seis o a diez… fue reconocido por montar todos los caballos de cualquier fiesta gaucha que se le cruzara en el camino. 
Si de viajar se trataba, el hombre iba sólo, a dedo. No quedó jineteada en el país en la que el pobre viejo no dejara su marca. La especialidad del tipo fue la crina en pelo, pero “en pelo”, nada de tientos ni de sogas. 
En el año 1969, el pobre viejo, se convirtió en una gloria para La Pampa. Fue en ese entonces cuando, Rosario Balmaceda, conquistó el premio mejor para cualquier domador de estas latitudes. Se consagró como ganador de Jesús María. Fue el primer pampeano en alzarse como campeón del mayor festival de doma y folclore del país, y así su nombre se marcó a fuego en los pampeanos amantes de las jineteadas.
Eran épocas en las que internet no existía, los televisores eran escasos y aun así el impacto de la noticia se hizo sentir. No se sabe cuántos se enteraron, ni a cuántos causó alegría o satisfacción. De lo que sí se puede dar fe es de la satisfacción y la felicidad que sintió el pobre viejo por ser el primer pampeano en ganar tamaño galardón a fuerza de talento propio y natural.
El retiro del pobre viejo, ocurrió en 1989. La razón estuvo en un accidente que le ocurrió arriba de un caballo, por supuesto. Fue allí donde el fuego del domador se apagó a la fuerza cuando el matungo lo apretó y lo “dejó mal”. Luego de operaciones decidió dejar, porque los años apretaban.
75 años no son pocos, son los que tiene Rosario Balmaceda hoy. La actualidad lo encuentra en Santa Rosa, junto a su esposa, Ana. Él hace once años que se encuentra en una silla de ruedas. Sin dudas, recordará la sensación de montar a caballo. Esa sensación, que llegó a describir como “comerse el mejor postre del mundo”. (fuente: Guía de La Pampa)

Servicio a la comunidad: Mira el estado de rutas provinciales y nacionales dentro de la geografía pampeana

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